En muchas ocasiones logré estar con Hermes Binner. Pero solo una vez estuve cara a cara con él.
Fue en su última campaña electoral en 2015, cuando fue por la senaduría nacional.
El ex gobernador santafesino citó a la prensa en la dirección del hospital Eva Perón, y llegué temprano. Allí estaba él, flaco, alto, de corte alemán. Parecía seco, pero tenía un humor ácido y rápido.
Mientras llegaban los colegas, Binner me indagó sobre la ciudad, sus compañeros, sus aliados. Estaba rodeado de asesores, pero prestaba atención a mí supuesto conocimiento del territorio. En medio de la charla su capacidad histriónica y analítica no dejó de sorprenderme.
El hombre que había sido el primer gobernador socialista de Argentina, que llevó a su partido al cargo más alto conseguido en más de ciento veinte años de historia, estaba allí, sentado en la dirección del Eva Perón contando anécdotas, escuchando otras.
Fue uno de los cafés más increíbles vividos por este periodista.
El homenaje a Hermes no sólo pasa por el recuerdo, sino en la gigantesca obra realizada en Rosario y en Santa Fe. En esos momentos donde el país ingresaba al neoliberalismo como un designio imposible de eludir, él, junto a un grupo de compañeros, no se bajó de sus ideales.
Si quieren saber por qué Rosario tiene el número tan bajo de contagios de COVID tienen que ir a esos años cuando como intendente diseñó la salud pública, urbanizó barrios y proyectó otra ciudad, más justa y equitativa.
Fue Binner el que llevó esas ideas a la provincia. Un modelo muy parecido al sueño colectivo por el cual seguiremos luchando.






