Diez años después de la cacería interna de presos contra presos en la Unidad Penitenciaria Nº 1, de Coronda, todavía resuenan ecos de aquella serie de 14 asesinatos en pocos minutos. Es que dos de los convictos condenados a prisión perpetua por esa matanza habían perseverado en la apelación de sus sentencias y este lunes se conoció el dictamen final, producido por la Corte Suprema de la Nación: el máximo tribunal del país rechazó los recursos interpuestos para la revisión de la condena y confirmó esa pena.
Por cuestiones formales, el máximo tribunal desestimó los planteos de los defensores de Ariel José Rojas y Rodrigo Sebastián Romero, internos del mayor penal de la provincia cuando se registró el hecho. El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, y los ministros Elena Highton de Nolasco y Carlos Fayt tuvieron por “no presentado” los recursos y quedaron “firmes” la condenas a prisión perpetua de Rojas y Romero.
En diciembre de 2008 ambos -junto a otros cuatro presos- ambos habían sido condenados por “privación de la libertad coaccionante agravada por haberse logrado el propósito y homicidio calificado por alevosía y el concurso premeditado de dos o más personas”, reiterado en 14 casos.
Según la sentencia “tanto Rojas como Romero tuvieron un papel determinante en los hechos” registrados el 11 de abril de 2005, contribuyendo a un plan común, avanzando en grupo y armados, sobre personas indefensas y encerradas”, sin ”la más mínima posibilidad de huir o defenderse”.
En esas circunstancias, los condenados abrieron las celdas del penal “de a una por vez” y procedieron a “darles muerte” a algunos detenidos “de acuerdo a una minuciosa selección de los presos rosarinos, actuando sobre seguro y aprovechando el estado de indefensión de las víctimas”.
Se trató de crímenes selectivos, previamente organizados, y que tuvieron como víctimas a 14 internos oriundos de Rosario que estaban alojados en los pabellones 1 y 11.
Los primeros 10 asesinatos, facilitados por la reducción de guardiacárceles (también se sospechó sobre la existencia de un supuesto pacto), se consumaron en un lapso de entre cinco y ocho minutos. Algunas de las víctimas fatales fueron quemadas vivas, en tanto que otras fueron degolladas o heridas con armas punzocortantes de fabricación doméstica.
De acuerdo con algunas versiones, la “Masacre de Coronda” se produjo como resultado del enfrentamiento entre presos rosarinos y del resto de la provincia, pero el motivo que prevaleció fue el de una “venganza” por la conducta de los internos rosarinos. Los presos de otras ciudades santafesinas decían que los oriundos de Rosario hostigaban a las visitas, que para los presos “eran sagradas” y les robaban sus pertenencias.
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