Te recibía con un abrazo y un «compañero, ¿cómo estás?».
Era periodista nato, de esos que nacen con el oficio y el compromiso. Pero, fundamentalmente, Alejandro Pera era peronista.
Solidario, humano. Un tipo cálido que siempre tenía una solución para algo que venía torcido.
De mi parte, lo conocí no sé bien de dónde. Vieron cómo son estas cosas. Era amigo de un amigo y esa cuestión del laburo nos cruzó en algún lugar y espacio. La cuestión es que era de esos compañeros firmes en las labores periodísticas de la región.
Lo que sí tengo claro es que, tras el fallecimiento de Marcelo Abram, otro hermano periodista que nos dejó hace unos años, esa relación laboral se fortaleció en encuentros no solamente de camaradería, sino también de amistad.
Así fue que, en los últimos años, el encuentro de Alejandro y otros laburantes de los medios de la región se intensificó. Muchas veces, el buffet Botafogo fue nuestro punto de reunión. Allí, Ale fue gigante, donde demostró su verdadera estirpe de gran persona.
Con él se va un pedazo de la historia del periodismo regional, de la radio y la tele. Nos deja un ser que nunca menguó ni un centímetro su rol de comunicador, siempre parado en el lugar correcto de la vida.
Hasta siempre, querido amigo.






