El Pelado era comunista. De esos marxistas formados en los 70'.
Fue contradictorio, revolucionario y visionario. Un ser humano imprescindible, solidario y justo, que tenía una claridad en la búsqueda de igualdades y en la construcción de un espacio colectivo entre peronistas, cristianos, zurdos, radichas y vecinos comunes, en tiempos que solo pensarlo era imposible.
En su local comercial de Alvear y San Lorenzo más de un parroquiano olvidaba sus motivos originales de la visita para enroscarse en debates políticos, charlas de bar en una casa de repuesto automotor. Como diría más de una vez Osvaldo, Repuestos Gentilini era “la jabonería de Vieytes baigorriense”.
En él había una huella del viejo Paganini y la meta de formar un Baigorria para el otro. Por eso es que fue parte de instituciones de la ciudad. Desde su juventud hasta hace unos años, el Pelado participó desde la primitiva comisión de la caja de crédito, hoy Banco Credicoop, hasta la vecinal de barrio Centro o el Club Alumni.
Cada vecino de Baigorria debe saber que sin el Pelado la ciudad hubiese sido otra. Su pregonar lo hizo tomar compromisos, enfrentarse a los mandantes, poniendo en riesgo su vida muchas veces.
Lejano de cualquier medalla, liberado de ambiciones personales, Osvaldo también se metió en el oficio de escribir. Era normal leerlo en las revistas locales con editoriales de alto contenido político.
En los 90' se lo vio liderando la desaparecida intervecinal, una agrupación de vecinales baigorrienses que comenzaron a marcarle el paso al intendente Humberto Sdrigotti. Esa intervecinal criticó de lleno, en 1994, la creación de un plan integral de cloacas para Baigorria con un elevado costo para los vecinos. El Pelado no sólo debatía, con los demás vecinalistas, sobre el valor para el frentista, sino que hablaba de hacer cloacas con cooperativas con control estatal y obrero, con la administración de los recursos vía asamblea, mostrándole al pueblo qué se hacía con cada peso. En sí, el proyecto de red cloacal de Sdrigotti no avanzó, pero tampoco el del Pelado y hoy en la ciudad sólo tienen ese servicio menos del 50% de los ciudadanos.
Hace un mes habíamos pautado una nota con él, a través de su hija Clarisa. En un ciclo de entrevistas a quienes que formaron la ciudad que hoy somos, Osvaldo Gentilini era uno de los primeros en la lista. Pero el tiempo implacable nos negó el encuentro. El querido vecino falleció de neumonía el jueves 30 de diciembre, en las primeras horas de la tarde, en una clínica rosarina.
Osvaldo “Pelado” Gentilini, te atendía con una sonrisa y una reflexión. Atento a la actualidad, el hombre calvo, de cara ancha y colorada, dejó en claro que su lucha era simple y hermanada con lo mejor de nosotros. Esa misión aún inconclusa de repartir panes y peces sin distinción ni banderas, haciendo humana la humanidad.








