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Domingo, 03 Mayo 2020 Opinión

El coronavirus y el confort de la caverna

Por Javier Minetti. Concejal de la ciudad

De golpe nos ganó el miedo. Como en tiempos prehistóricos, cuando una amenaza se vuelve incontrolable, prima el instinto de supervivencia y todos corremos hacia la caverna para que no nos coma el león. Esa fue la reacción inicial que tomamos ante el peligro cierto e inminente del COVID-19.

La cuarentena (Quaranta giorni, en italiano), fue el método utilizado en el Siglo XIV en Venecia ante la peste negra. Esto es, el aislamiento de una persona sospechosa de portar la peste por un período mínimo de cuarenta días. Siete siglos después, el mismo método preventivo se sigue utilizando ante la amenaza desconocida que pone en riesgo la vida de los integrantes de una comunidad.

En nuestro país y en nuestra zona, la medida adoptada por el gobierno nacional se acató con significativa eficacia ante el temor que generan las noticias provenientes de los países que demoraron en tomar medidas y ahora las muertes se cuentan de a miles. Sin embargo, dentro de la caverna no podemos estar todo el tiempo y ante esto existen dos alternativas: salir y enfrentar al león o hacer más confortable la caverna y quedarnos hasta que la amenaza disminuya y podamos salir seguros.

El gobierno nacional ha tomado un mix de medidas entre las dos opciones. En principio ordenó un resguardo atropellado e impulsivo hacia la caverna y metió adentro a muchos que tenían que estar afuera, como el sistema financiero por ejemplo, agravado por la decisión posterior de sacar afuera al grupo de riesgo más vulnerable como los jubilados y seguir dejando adentro a los bancos.

Ahora bien, a medida que pasa el tiempo, dentro de la caverna la supervivencia se hace cada vez más difícil y entonces se toman medidas para hacerla más confortable, y otras medidas para sacar gente afuera a pesar de la amenaza. Es el momento más difícil y es donde se pone a prueba la capacidad del gobierno nacional como centro de poder razonablemente instituido para encarar el problema.

Lejos de los desvaríos políticos, de las predicciones sociológicas niveladas a los pronósticos de Horangel, del panelismo tremendista de los medios de comunicación y de todo aquello que poco aporta a esclarecer el panorama,, aparece en la superficie la idea consolidada de extremar los medios para que la caverna sea lo más confortable posible y demorar cada vez más la salida al aire libre, donde subyacen los problemas irresueltos previos a la pandemia y que han profundizado su capacidad de daño: inflación estructural, déficit alarmante, pulverización de la moneda, altos niveles de pobreza, ineficiencia estatal, corrupción y una larga y conocida lista de tragedias cotidianas cinceladas en la historia argentina.

Sin embargo, para poder estar a resguardo tenemos que repartir riqueza que no tenemos y la escasez de recursos tendrá, más temprano que tarde, gravísimas consecuencias si no se produce una salida efectiva y a tiempo,
El avance de la pandemia asociada a la crisis socioeconómica preexistente enciende alarmas que obligan a que aceleremos salidas, con todas las precauciones sanitarias y sociales en su máxima eficacia, pero que nos permitan salir. De lo contrario, se acentuaran problemas como hambre, desocupación, inseguridad, violencia de género y, un nuevo fenómeno a tener en cuenta, la discriminación hacia las personas que han tenido la desgracia de contagiarse, hechos cada vez más frecuentes ante el avance de los casos.

En indudable que esta experiencia pondrá en agenda discusiones necesarias, como el avance de los espacios públicos virtuales por sobre los espacios públicos reales o tangibles, la aceleración en la implementación de métodos de gobierno y servicios públicos electrónicos, la revalorización de los municipios y su poder territorial, la necesidad de preservar el conocimiento científico por sobre las construcciones discursivas y el peligroso retorno de los nacionalismos, entre otros temas.

En la alegoría de las cavernas, Platón cuenta lo que le sucede a unos hombres que viven en la oscuridad de la caverna e interpretan sombras de otros hombres reflejadas en las paredes, hasta que uno de ellos sale a la luz y descubre que la realidad es diferente a lo que pensaban. Sin embargo, cuando vuelve para contarlo, nadie le cree y desconfían de él. El falso confort de la caverna puede generar esas cosas.