El reloj está marchando hacia el 10 diciembre y los últimos meses del intendente, Mario Montizanti, al frente del municipio bermúdence trazan un escenario complicado y sombrío, tanto desde el punto de vista político-económico como en el social, que lo deja más cerca de salir por el patio de la Municipalidad que por el pórtico de la historia. Con la derrota electoral consumada el gobierno del Frente Progresista buscó más una reconciliación en el frente interno que tratar de despedirse de la ciudadanía, tras 16 años de gestión, con la cabeza erguida
Algunos radicales rememoran que cuando Montizanti fue elegido por el sector que comanda el diputado provincial, Víctor Hugo Dadomo, para ser candidato a intendente y suceder al invicto electoralmente, Fabián Várela, el caudillo radical solo le pidió, palabras más palabras menos, que en cuatro años “el mando se lo transfiera a otro hombre del mismo grupo político”. Claramente el deseo del líder no fue satisfecho. Tal vez, por ese encargo trunco Montizanti intento lavar culpas y penas firmando unos decretos, días después de las elecciones,que dejaban en planta permanente del municipio a personal político del gabinete y con categorías de las más altas en el escalafón municipal que derivó en un conflicto con los trabajadores municipales, el laudo del Ministerio de Trabajo, la marcha atrás de la decisión ejecutiva y la bronca de los funcionarios que pretendían quedar efectivos como premio a sus años de militancia y pertenencia al proyecto político que está finalizando su era en el poder.
El intendente no pudo ni supo es este par de meses pos elecciones minimizar los daños internos y externos causados por el cachetazo de las urnas. La presencia municipal en las calles siempre fue escasa en todo este tiempo de gobierno, ahora, prácticamente ha desaparecido en su totalidad dejando a la mayoría de los barrios abandonados a su suerte, multiplicándoselos reclamos vecinales por la falta de servicios en los medios de comunicación y en las redes sociales esperando respuestas gubernamentales que demoran en llegar o nunca lo hacen.
La brecha que se abrió entre gran parte de la población y el gobierno por la falta de cumplimiento en la prestaciónde los servicios básicos, mucho antes de las elecciones incluso y que terminó siendo unas de las claves para explicar el triunfo opositor se está profundizando notoriamente en esta parte final del mandato, porque la administración radical nunca le encontró la vuelta a como brindar los servicios públicos. Y sobre el final del ciclo se está vislumbrando una amenaza de turbulencia financiera en las arcas municipales por deudas con proveedores, compromisos asumidos incumplidos y rumores de embargos en cuentas oficiales por juicios perdidos, justo cuando se tiene que estar preparando el proyecto presupuestario 2016y que debería ser consensuado con el nuevo intendente, Daniel Cinalli.
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