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Miércoles, 03 Junio 2015

El antes y el después de la Gestión Ramos

Una manera desordenada de resumir un gobierno de transformó Granadero Baigorria para siempre

Opinión de Hugo Cravero

 

Nací y crecí en Granadero Baigorria. Mi abuela Pepa, hasta su último día por estas suburbios planetarios, nombró a la ciudad como Paganini, costumbre de los que mucho antes de nosotros anduvieron por éste pueblo surgido de emigrante y pobres, humildes laburantes de hablar cambiado, atravesados por el sueño que trajo el tren, el progreso y ese amor silente por la tierra que fecundó con hijos y buena simiente.

Esta ciudad brillante y oscura; salvaje y romántica; industrial y rural; es la que transformó Alejandro Ramos. Mires de dónde la mires, opines de dónde opines, la realidad es una sola. Para bien o para mal, Alejandro será una bisagra en la historia del pueblo que se acuna al compás de un fugaz río.

Para poder avanzar en estas líneas sólo les pido que entre todos podamos tener memoria. El lector que rehúya de ella tendrá que abandonar ya mismo esta lectura. Recordar cuando Baigorria era la ciudad del “No se puede , nefasta muletilla utilizada por muchos que llegaban a tener de alguna manera una pequeña cuota de poder en el pueblo.


Entre los declaraciones más canallas que pude conseguir, en éste cuarto de siglo laburando en los medios, fue una que hizo un gerente regional de la empresa Aguas, cuando estaba privatizada por los franceses. Ese miserable ser humano dijo, desde lo más sincero de sus entrañas, que barrios como Nuestra Señora de la Paz o Industrial eran ‘inviables’ para llevarles el agua potable, que había que pasar los caños por debajo de las vías del Ferrocarril Belgrano, que era imposible hacer el tendido de caños y que, en definitiva, eran pobres y no podían pagar el servicio. Hubo otro capo de la misma empresa, pero éste era francés, que dijo “quieren agua y no la pueden pagar… tienen el Paraná”.

Fue durante los terribles años del neoliberalismo, del “golpe por golpe”, del “tanto tienes tanto vales”. Aun conservo las fotos que hicimos en el 2001 para éste periódico, cuando pibes de La Paz tenían en sus cuerpitos ronchas y granos infectados, porque se bañaban y consumían agua napa contaminada. La planta de ósmosis inversa estaba rota y nadie, ni la empresa de aguas, ni el gobierno provincial o local, ponía un mango para repararla.

Hoy esos barrios tienen agua potable. En Industrial se están haciendo las cloacas y en La Paz se hará en breve el asfalto para toda la barriada. Todo por administración municipal, que desenmascaró el discurso mezquino de los 90.


Nos acordamos cómo era pavimentar una calle hace sólo unos años en Baigorria. Grandes entrevistas periodísticas donde se hablaban de créditos al Banco de un país perdido, o un ATN (Adelanto del Tesoro Nacional), o un revoleo de guita de la provincia para asfaltar dos o tres cuadras. Esa era nuestra novela a contar en nuestras audiciones, una comedia que después no llegaba a buen puerto.

Una vez más el “No se puede”.

Hoy cualquiera que tenga un amigo en una ciudad vecina te demuestra el avance de la nuestra. “Cómo hacen para hacer tanto en Baigorria” es una de las preguntas recurrentes. Quizás nosotros no lo vemos, porque es parte del paisaje cotidiano tener una localidad en obra constante, pero el que ve estancada su ciudad durante años, entiende el logro permanente de Granadero Baigorria. Más de 50 kilómetro de asfalto resume lo ocurrido en 7 años y medio de gestión.


Ni pensábamos en una fiesta popular que nos englobara a los baigorrienses, como la tiene desde años Bermúdez con la “Fiesta de las Porcelanas”, o Beltrán con la de “Los Sabores Criollos”, o la de San Lorenzo o la de Puerto San Martín. Baigorria siempre estuvo relegada en esos megaencuentros.

Fueron muchos los motivos pero lo fundamental era que no había iniciativas, como si tuvieron en las ciudades vecinas durante años. Había que pensar la Fiesta y conseguir la plata. Ramos no sólo consiguió los recursos, sino que se nutrió de gente para realizar el Encuentro de la Cultura y su Pueblo una vez al año un fin semana de abril, y de paso recordar la autorización de la traza que le dio vida al Pueblo Paganini, el 9 de abril de 1889, por decreto del gobernador José Gálvez.

Pero además a lo largo del año siempre hay otros motivos para encontrarnos y festejar. Artistas de talla nacional e internacional ya son habitué en Baigorria dando grandes recitales en Camping Municipal o en el Parque Acceso Sur “Eva Perón”.


Y qué me dicen del Remanso Valerio. En el 98 estuvo a un paso de desaparecer. El desalojo tan preanunciado a la barriada de pescadores nunca estuvo tan cerca como entonces.

El tema fue así: El intendente radical Alfredo Secondo envió al concejo un proyecto de ordenanza integral, a principio de 1998, para urbanizar las 60 hectáreas, la mayoría despoblada, en la entrada de la ciudad en el sudeste de la misma.

Había un quilombo de propiedad de las tierras y juicios de usucapión por parte de familias pioneras de Baigorria (Quilici, Fratocci y Droghetti) que decían ser dueñas de tres lonjas de estos campos. También estaba el sindicato de Obras Sanitarias que si es propietario de las parcelas que van costeando calle Los Plátanos desde la ruta al río.

La cuestión es que las familias interesadas en el desarrollo de sus juicios y el sindicato, todos vinculados con una importante inmobiliaria rosarina, querían hacer el negocio del siglo. Proyectar y construir en el lugar un mega súper shopping, un hotel a todo trapo a la vera de las barrancas y un barrio privado (y cerrado) para una selecta minoría.

Y de vuelta aparece el neoliberalismo y la terrible crisis que ese modelo económico nos hizo a todos. Con la excusa de la falta de trabajo y los beneficios que traerían para Baigorria un Gran almacén, un hotel de lujo y la necesidad de albañiles, jardineros y mucamas para el futuro condominio, el proyecto se convirtió en Ley en la ciudad casi por unanimidad. Acá sí que no funcionó el “No se puede”.

Todo estaba planeado al límite. Todo, hasta el futuro de los remanseros, que debían obedecer, irse de sus casas, abandonar su hábitat, profesión y mudarse al barrio Nuestra Señora de la Paz, construido por una ONG, que pertenecía al padre Tomás Santidrián, vinculada con la inmobiliaria que iba hacer el pingüe de negocio.

Hubo un verdadero caos en la ciudad por esta ordenanza. Los comerciantes vieron el abismo con la llegada del Híper y los vecinalistas, siempre tan decentes, criticaron eso de “barrio cerrado”. Pero pocos nos sumamos al reclamo del Remanso Valerio.


Era el desalojo, era el fin. Eran generaciones de pescadores que de un día para otro tenían que dejar de serlo y mudarse detrás de la vía, al lado de un cementerio y enfrente de un basural.

La gente de bien de Baigorria tuvo que sumarse al pedido de los costeros. Hubo una señora de las familias patricias de barrio Centro que me dijo, off the record, que “había que aguantarlos a los negros para que ellos armen el lío y después venían ellos para lograr que Walmart no llegara a la ciudad”.

La ordenanza fue derogada en el 99. Los comerciantes pudieron respirar, los vecinalistas no consiguieron un barrio bello con calles abiertas y los del Remanso ganaron unos años más de resistencia.

Ramos a todo eso lo dio vuelta. El Remanso ganó en derechos y dignidad. El barrio que nunca tuvo caminos accesibles para llegar, hoy los tiene. Ese que fue ninguneado por todos los gobiernos, hoy logró alcanzar lo que para muchos sólo fueron sueños. La cooperativa de fileteados, las mejoras en el barrio, el retorno de la Fiesta del Cristo de las Redes… pero lo fundamental es que ya a nadie se le va volver a ocurrir sacarlos de su lugar en el mundo.


Allá a finales del siglo pasado el ISEF Nº 11, que prepara a los profes de educación física, se fue de Baigorria. Luego de décadas en el ala norte del Hogar Escuela, la institución se mudó al predio del Hipódromo de Rosario. Nadie de la comunidad política baigorriense de fin de milenio lo objetó. No hubo una contrapropuesta para retener el terciario en la ciudad.

Hoy tenemos otra realidad. Allí donde estuvo el ISEF se encuentra el Centro de Capacitación Laboral “Néstor Kirchner”. Una maravilla donde jóvenes de toda la zona van aprender oficios con maestros especializados y tecnología de punta.

En ese mismo edificio, que se había convertido en un inmenso nido de ratas y mugre, y que el municipio puso a nuevo, comenzó a funcionar uno de los mayores orgullos de la localidad. Una extensión del Politécnico. O sea, antes dejábamos ir las instituciones educativas, hoy se crean nuevas.

No podemos olvidarnos de los Jardines Municipales. Fueron creados hace 12 años, pero la Gestión actual los potenció. Niños de 2 a 5 años de la ciudad asisten al preescolar comunal. Los números son realmente emocionantes: 200 chicos son los matriculados. 6 son las sedes, repartidas en toda la ciudad. 14 son las salas y 18 las docentes. Todo “bancado” por el Gobierno local.


Falta hablar de tantos logros. De la recuperación de espacios públicos, de la belleza jamás pensada que es hoy el Parque Sur. Donde antes había campo de nada hoy se convirtió en un lugar que recibe a miles de personas cada fin de semana.

De los colectivos urbanos que recorren la ciudad de punta a punta, dando un servicio público y bajo costo único en toda la región.

Del Centro Educativo Terapéutico donde se les da una oportunidad a los pibes que cayeron en el infierno de las drogas.

De la recuperación de la Estación de trenes francesa Esperanza. Cuantas veces hablamos del olvido de ese pedazo vivo de historia en la puerta de la ciudad. Raúl Zavattero, historiador y concejal de nuestro terruño, logró una ordenanza en 1998 para preservar el lugar, pero atravesando la lógica de otros tiempos, “No se pudo”. Esa primera estación férrea y construcción en pie más antigua de Baigorria estuvo muchas veces amenazada de ser derrumbada. No lograron el cometido y la casona quedó erguida. En la actualidad se logró restaurar el edificio y sumar otro ámbito cultural. El Museo del Río, un espacio lúdico, creativo y de contacto con nuestra naturaleza y el Paraná.


Granadero Baigorria, estimados, ha dejado de ser una ciudad de paso. Esa que se nombraba cada tanto en los medios regionales o provinciales. Hoy somos noticia nacional.

Alejandro logró tener el cargo en un Gobierno Federal nunca logrado por cualquier otro baigorriense. Fue tan exponencial y trepidante su crecimiento político, como el de la ciudad misma.

Ramos también consiguió que por primera vez tengamos representación parlamentaria en la legislatura santafesina. Érika Gonnet ha dado una cabal muestra de cómo defender los intereses de cualquier vecino de Santa Fe, pero en especial los de nuestra comunidad. Queda pendiente un trabajo profundo de la labor de la militante que estuvo con Ramos desde los inicios defendiendo un proyecto político que constituyó junto a su referente.

Con Ramos dejamos de ser un puntito en el mapa, para ser algo más que una pequeña ciudad del sur de la bota.

Esto que ocurre en la ciudad costó entenderlo y hasta éste mediocre escriba fue parte de un coro lamentable de bobos que discutíamos la nada, mientras que otros planeaban una ciudad colectiva.

Podés ver el vaso medio lleno o medio vacío. Podés decir que hay obras que se rompen, que están mal hechas, que hay barrios que se inundan si llueve mucho, que el concejo no legisla como debería, que son soberbios, que los recursos vinieron del Gobierno Nacional, que son todos K, peronchos y choriplaneros.

Podés ser gorila, Pro, anti, o lo que te dé el cuero.

Pero no podés negar es que esta Gestión le cambió la vida a muchos.
En sí, qué es sino la meta de todo gobierno que la lograr la transformación de barrios, de la vida de cada habitante de una ciudad, de una comarca. Ramos y sus colaboradores lo consiguieron y entiendo que van por más.

Sé que por esto me tildarán de oficialistas. Pero sabés, vengo de una ciudad de un pasado cercano que los gobiernos apenas si pagaban los sueldos. De intendencias que dejaban la municipalidad casi quebrada, de aguinaldos atrasados, de cajas fuertes esfumadas. Hoy estamos en otra ciudad, una más orgullosamente vivible y con un futuro que nos incluye a todos, sin importar a quién vayas a votar el próximo 14.