“Y un día se fue de vacaciones y no volvió más”. Podríamos resumir, sin ánimo de equivocarnos, la pendiente historia política de Romina Luciani. Tremenda síntesis de una gestión. Simple, inconclusa.
Romina arrancó tímidamente, como la ‘piba’ que más de uno de nosotros miramos con recelo. “Qué sabe ésta de política. Quién se cree qué es”, nos dijimos de manera fatal más de una vez. Y como tantas veces, nos equivocamos. Los que creemos tener la verdad en valijas guardadas no vimos la sensacional elecciones de Alejandro Ramos. Fue en los comienzos de su gobierno, allá en esos primeros meses del 2008, cuando Baigorria estaba al borde de la cesación de pagos, en días que se re rascara la olla para pagar sueldos, tras la mala administración de Daniel Lioy, cuando Alejandro sumó a la joven y otros futuros cuadros locales.
Así fue como Romina fue creciendo dentro de ese ignoto gabinete. La “multifuncionaria” fue; secretaria de hacienda, de gobierno, coordinadora de gabinete, concejal y, cuando la realidad así la necesitó, intendenta, a pesar de su estado de salud.
Le metió horas de laburo. Incansable, como sello innegable de la gestión. Sí hasta casi se mata, junto a su esposo, una noche helada de sábado de junio de 2012, cuando volvía de una actividad gubernamental. Y vinieron las cadenas de oración, la vigilia popular esperando por esa mujer ya indiscutidamente increíble. Es que la vimos jugándose entera por los demás y por poco se le va la vida en eso.
Pero en vez de parar, justificar detenerse por un tiempo, no les hizo caso a médicos, familiares y amigos. Y siguió, como los trapecistas sin red, al filo del dolor corporal. Ya a los meses estaba andando, en sillas de rueda, en muletas, con bastón y al final con una cojera que intentaba dominar.
A finales de 2012, cuando hubo que re elegir las autoridades en el concejo local, Romina no volvió a medir cuestiones personales. Es imposible, cuando uno ama lo que hace, cuando el compromiso por el otro supera los límites, decir no. Por eso aceptó ser intendenta, la primera en la historia de la ciudad. Alejandro Ramos ya estaba desde el 8 de marzo de ese año en la Secretaría de Transporte de la Nación. Los primeros meses Mario Rosales había tomado el interinato, pero siempre se supo que el mandatario quería a Romina a cargo de la comuna y así fue desde el 10 de diciembre.
Por un año, esa mujer, que había jugado una partida cara a cara con la parca, toleró su cuerpo que le venía diciendo basta desde un inicio. No supo de horarios, porque el ritmo del municipio de Baigorria así lo requiere. O creemos que este estado de obra permanente que hoy tenemos en la ciudad brota por casualidad. El trabajo, querido lector, es constante en la administración que Ramos supo construir desde fines de 2007.
Al arrancar este año, Romina pidió vacaciones por 15 días, pero los más cercanos sabían que era muy difícil que volviera a Chacabuco 1050 por un tiempo. “Sufría mucho los dolores del terrible accidente del 2012”, confiaron a este escriba allegados al gabinete. Y esa fue la versión oficial de la salida momentánea del municipio. “La intendenta interina pidió seis meses de licencia para poder avanzar en la recuperación necesaria (nunca hecha, obviamente), tras el accidente vehicular en junio de 2012”, supo rezar, palabras más palabras menos, el comunicado excusando el reemplazo de la mujer por Adrián Maglia, quien en la actualidad ejerce el cargo de jefe comunal.
El mismo Maglia dijo hace unas semanas a El Urbano que “esto es sólo un pequeño paréntesis para Romina Luciani”. Y ojalá que así lo sea. Es que Romina es una bocanada de aire fresco, la primavera necesaria de la política vernácula. Tiene la habilidad de mirar más allá del horizonte, de hablar con los pies en el barro y sentirlo en lo profundo mismo del alma. Sin tener de discrepar con nadie, esta mujer que no llega a los 30 años, siente muy anclado estos tiempos de compromiso. Cuando dijo a este periodista que se “sentía orgullosa en ser parte del proyecto que lidera la presidenta Cristina Fernández de Kirchner”, no fue una frase cómoda en plena campaña a diputados nacionales, que también la encontró como protagonista (recordemos que fue candidata en cuarto lugar en la lista del Frente para la Victoria a legisladores nacionales en octubre del año pasado), sino que lo dijo con las tripas.
No me equivoco al decir que, en estos veintitantos años de oficio periodístico Romina es la más peronista de todos mis entrevistados.
En la actualidad nada se ha detenido en la comuna. La ciudad sigue avanzando y se demuestra día a día que Alejandro Ramos es el gestor de todo y que hay un grupo válido detrás de una administración impecable. Y Maglia también ha estado a la altura de las circunstancia. Pero no nos aleja en la necesidad de seguir teniendo a personas como Romina en la vida política local. Por eso la esperamos, porque es de las personas que tienen el corazón mirando al sur pobre, porque no creemos errarle al afirmar que le duele más la injusticia cotidiana que sus dañados huesos.
Son muchos los que esperan el retorno de Romina para seguir ganando en igualdad, en esta partida eterna dónde nadie debe ganar y nadie perder. Para empardar la jugada, multiplicar abrazos y avanzar hacia una sociedad necesaria, justa y solidaria.






