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Martes, 08 Abril 2014

Granadero Baigorria, a 125 años

Opinión de Hugo Cravero

 

Hoy cumple 125 años Granadero Baigorria.

Esa que vio nacer, crecer, ganar y perder amaneceres abrazadores y tardecitas lentas…

Esa que vuelve enamorar a la vida en cada briza calma que sólo pueden dar las copas de los plátanos vigilantes. Esa que no niega su pasado, pero que sigue expectante por un futuro sembrado en igualdades.

Hoy, estimados coterráneos, cumplimos 125 años. La historia nos dice que el 9 de abril de 1889 el gobernador José Gálvez le aprobaba a Lisandro Paganini el trazado del pueblo que llevaría su nombre por algo más de 60 años, hasta que en 1950 el gobernador Juan Hugo Caesar rebautizara las ciudades del Cordón Industrial (Puerto Borghi por Fray Luis Beltrán y Juan Ortiz por Capitán Bermúdez) al cumplirse el centenario de la muerte del general José de San Martín. Por eso Paganini comenzó a llamarse Granadero Baigorria en honor de aquel indio puntano (ranquel o comechingón), Juan Bautista Baigorria, que le salvara la vida al libertador de medio continente en el combate de San Lorenzo, convirtiéndose en un héroe casi anónimo, fantasmal, en el legado histórico del país y América Latina.

En estos 125 años puebleriles han pasado ríos de vidas, de sueños compartidos, primaveras luminosas, atardeceres diáfanos, lluvias revitalizadores, tormentas despiadadas… ríos de agua y sal, ríos de cantos en la mixtura primigenia de los idiomas que cruzaban de este a oeste de sur a norte esta comarca a finales del siglo XIX. Si aún resuena en las viejas casas el piamontés, el italiano, francés, el Euskadi, el Irish, y la media lengua criolla que logró ese tinte tan argento, tan nuestro.

También en todo este tiempo hubo un río de sangre, como es la fiel traducción de Baigorria, apellido de origen vasco. Por estos lados el odio no faltó a su cita. La calamidad fue real en la vieja finca La Calamita. Es imposible hablar de estas tierras sin decir que por esa propiedad funcionó desde principio de 1976 hasta 1978, un centro clandestino de detención de personas. En ese infierno más de 100 compañeros entrañables fueron secuestrados, torturados, muchos de ellos desaparecidos. Se sabe también que por lo menos una decena de nacimientos se produjeron en el lugar. Niños sustraídos. Mujeres y hombre sin identidades reales.

Pero a pesar de todo uno no puede de dejar de querer esta ciudad. Porque en cada esquina está nuestra historia, tan terriblemente hermosa como trágica.

Cada uno de nosotros construimos este pueblo. Somos como aquellos arlequines que prometemos volver a tiempos donde fuimos inmensamente felices. Quién no volvería a la disquería de Scoponi para comprar ese disco en navidad o parar, aunque sea 10 minutos, a tomarse un liso de Hortal… siempre estarán esos lugares donde la adolescencia se detiene en la ternura.

Ciudad de humedad eterna, de aparecidos y desaparecidos, de encuentros y de los otros, hoy como, ayer y siempre, nos arraigamos en tus tierras, en el Paraná y sus islas, en cada milésima baigorriense, para seguir afirmando que uno sólo existe en su terruño, porque sus raíces son como nuestra sangre colectiva, por donde palpita lo que siempre seremos.