El Urbano – Cuándo comienza a militar en la UCR
Alfredo Secondo - Yo comienzo a militar en el partido más o menos en el 58’. Pero realmente me incorporé a una lista, creo que iba de revisador de cuentas, en el 61’. Precisamente el 14 de septiembre de 1961… y me acuerdo de ese día porque nacía mi hijo mayor, Ariel. Él nace a las 6 de la tarde y yo a las 9 de la noche estaba en la reunión en la casa de don Izurieta, que era del partido radical, donde se armó la lista que competiría en las elecciones…
Yo era el más joven de todos. A mí me convocan Carlos Mac Guire, José Zabala y Andrés Vietti… Vietti fue el primer secretario de la primera comisión de fomento del pueblo Paganini en 1917…
Ese año no ganamos, pero dos años después en el 63, junto a Guillermo Falleti como presidente de la comuna si lo hicimos… Falleti fue el primer presidente comunal del radicalismo de Baigorria…
Yo por esos tiempos era músico… tocaba el LT 8 y LT 2 todo el día… porque mi profesión era la música…
El Urbano – Y qué instrumento tocaba…
Alfredo Secondo – El contrabajo…
El Urbano – Y en qué orquesta…
Alfredo Secondo – Era una de jazz… de jazz americano… también hacíamos centroamericano…
El Urbano – Y por qué tocaban en las radios…
Alfredo Secondo – Porque yo tocaba con Franco Corvini, que era el director de la orquesta… y que había sido el trompetista de los Plateros… eran los tiempos que había orquestas en vivo en las radios…
El Urbano – Y cómo llega a la música… cómo comienza con el contrabajo…
Alfredo Secondo – Por ‘Pirucho’ Hortal… él fue el que me incentiva para qué empiece a estudiar el contrabajo y así tocar con él… yo empecé con Pirucho cuando tenía 14 años, era muy chico…
Hacíamos espectáculo para la Bodega Camprot en los bailes… la Bodega nos bancaba y nosotros íbamos a tocar a distintos pueblos, Totoras, Salto, Centeno, Coronda… eran las ciudades donde Camprot tenía lugares de venta.
Tocamos mucho juntos… y en eso llega Franco Corvini a Rosario, porque era rosarino, a tocar con su orquesta… nosotros después de los shows que hacíamos, íbamos a comer algo al bar de Lagos y Salta o al de Richieri y Salta… y allí nos veíamos con Franco que iba con su orquesta. Y ahí Corvini lo habla a Henry Bay, que era trombonista de Hortal, para que se sume a su orquesta. Un día Corvini le dice a Henry, que hoy es trombón solista del Colón, “me dijeron que ustedes tienen un contrabajista que es bueno, lo quiero en mi orquesta...”.
Debuté con Corvini en una fiesta en el Hotel Savoy, y esa noche me dijo “yo voy hacer una orquesta acá en Rosario y usted se viene conmigo”, y así arranqué en las radios… y nos fue muy bien, de hecho nos casamos con Marisa siendo músico…
En ese ínterin creamos Los Gigantes, porque en esos tiempos teníamos una buena relación con las otras orquestas; como Los Tic Tac, Casa Loma y nosotros… terminábamos las actuaciones e íbamos a comer a los bares que te nombré. Los domingos para el lunes nos citábamos, porque los sábados tocábamos toda la tarde en las radios y después íbamos a los bailes, y nosotros cobrábamos por kilómetro, por eso tocábamos lejos (risas), Rufino, Rafaela, Santa Fe, en lancha a Victoria (risas)… pero los domingos a la noche nos juntábamos todos los músicos de las orquestas y allí nace Los Gigantes, que fue lo más elevado en música que se hizo en Rosario.
El Urbano – Ustedes tocaban en 2 emisoras, LT 2 y LT 8… por qué
Alfredo Secondo – Porque Franco Corvini era muy inteligente… había creado dos orquestas, una para cada radio… en LT 2 éramos la orquesta de Gianfranco y la de Franco Corvini en LT 8… teníamos dos repertorios distintos, según la emisora (risas), había que ganarse la vida…
El Urbano – Y en eso llegó la militancia… la política…
Alfredo Secondo – Sí… ese 14 de septiembre de 1961, al nacer mi hijo y al firmar para estar en una lista, ese día me cambió la vida…
Esa noche cuando llegué de don Izurieta estaba feliz, acababa de ser padre. En esa reunión yo era el único muchacho. Recuerdo que yo les propongo salir a caminar las calles, visitar los vecinos… lo que hoy llamamos militancia… la gente grande me decía “eso no se debía hacer, acá está el comité y la gente acá debe venir”. Para mí era un acto de soberbia, para mí había que salir a visitar a los vecinos. Recuerdo que fue una discusión que duró más de media noche. Fue una cosa que me quedó grabada. Inclusive muchos de los discutieron conmigo después reconocieron que no era malo mi planteo. Al final me dejaron y algunos salimos a ver a los vecinos… la cosa que en el 61’ perdimos pero por unos pocos votos…
Después armamos la lista para el 63’. No se pensaba ganar, y yo, tal vez en esa ilusión juvenil, decía que “sí volvíamos a las calles, a caminar, íbamos a ganar”. El candidato era Guillermo Falleti, que era una persona muy dinámica. Entonces visitábamos a la gente, en el campo fundamentalmente. Las quintas, donde había familias numerosas. Y vino el 12 de octubre de 1963. Gana Arturo Illia en la Nación, Aldo Tessio en la Provincia y nosotros en Baigorria.
Y vino la gran pregunta: “Cómo gobernar”. Entonces fuimos a varias reuniones. Pero hubieron en especial las realizadas en Capitán Bermúdez por el jefe comunal de allí, Juan Manzzotti, que era del Partido Demócrata Progresista, y trabajaba con mi papá (Mateo Secondo) y el presidente de la UCR de Baigorria por esos tiempos, Carlos Alissi, en Celulosa. En esa década Bermúdez tenía la municipalidad más organizada de la región. Íbamos a la noche a la comuna de Bermúdez para que nos asesoraran. Éramos varios los que íbamos ansiosos de aprender.
La cosa fue que cuando estábamos a días de asumir, Manzzotti le dice a Alissi y a mi padre, “miren a Falleti no lo dejen solo, pónganle un buen secretario al lado de él. Porque si le ponen un secretario tramposo o incapaz, el gobierno será malo”. Entonces Manzzotti les dice “miren, yo les digo algo. Ahí de los que vienen a las reuniones hay un solo tipo que entiende y se percata de lo que le decimos. Es un flaquito, ni el nombre le conozco”. Entonces Alissi le dice a mi papá “ese es Alfredo, tu hijo”. Conclusión, se lo propusieron a Falleti y este lo aceptó. Él me cobijó y me permitió hacer esta actividad tan sublime que es la política (se emociona), no la politiquería, eso es otra cosa…
Cuando a mí me lo proponen, yo acepté y me fui a estudiar. Tuve que tomarme licencia de la música, por consejo de mi mamá. Marisa era muy joven, tenía 20 años, lo teníamos a Arielito muy chico y con la orquesta quedaban solos de noche. Por esos días había todas noches milongas, menos los lunes…
Entonces dejé momentáneamente la música y me puse a trabajar en la comuna. Y de noche me iba a estudiar. Me tomaba el San Lorenzo y en Rosario el 218, para ir al Normal 1.
El Urbano – Y en el 65’ se gana con José Horacio Monti
Alfredo Secondo – Sí… Falleti no podía seguir, porque no tenía tiempo por el trabajo. Tenía un taller que le consumía muchas horas. Los presidentes comunales de esa época tenían que tener solvencia económica. A veces lo hacíamos venir a Falletti del taller a firmar cosas a la comuna todo engrasado… por eso el secretario tenía que trabajar muy a la par del presidente comunal…
La novedad de mi labor como secretario fue que hasta el momento los secretarios habían sido jubilados del ferrocarril inglés… tipo muy serios, organizados, correctos… pero todos eran de bajo perfil. Nadie tomaba iniciativa, así era el ferrocarril, nadie podía salir de las normas… y yo aparecí como un personaje raro…
Recuerdo que cuando empecé a trabajar en la comuna y recibía a alguien, había trabajadores que me decían “mire secretario el que usted está atendiendo no es radical, es peronista”, o demócrata progresista o comunista… entonces hice una reunión con todos y les dije “señores nosotros no somos los dueños de la comuna y estamos acá para dar respuesta a los vecinos. No importa de qué partido sean”.
Yo empecé ser el ‘pibe’. El que tenía un problema yo trataba de resolvérselo. Éramos una comuna modesta, pero de gente preocupada y trabajadora…
El Urbano – Y por qué se elige a Monti…
Alfredo Secondo – José era un empresario muy reconocido en el pueblo y un radical también… y volvimos ganar… con la misma mecánica, visitando a la gente… charlando… poniendo la cara… no hacíamos publicidad…
El Urbano – Usted nació en la estancia de los Ybarlucea…
Alfredo Secondo – Sí, yo nací en la Estancia Santa Rita de Rita Ybarlucea. O sea lo que hoy es el Camping Municipal. Porque mi papá era mayordomo de la estancia…
Yo vine ‘envasado’ (se ríe)… porque mi mamá vino embarazada de Ballestero, provincia de Córdoba. Allá también los Ybarlucea tenían otra estancia, La Mascota, se llamaba…
Después, más o menos cuando tenía 8 años, nos mudamos a San Fernando… al conventillo de San Fernando, donde fueron los prostíbulos de la Zwi Migdal… no era un conventillo convencional… era un salón grande rodeado de piezas…
En ese lugar había de todo… pero te digo yo ahí conocí lo que es la solidaridad… nosotros veníamos del campo, en el campo uno es individualista, hay mucha soledad… y fuimos ahí y aprendimos lo que es la solidaridad entre pobre… nos ayudábamos mutuamente… si vos necesitaba una taza de yerba te la daba el paraguayo, el italiano, el disparado de Rosario que vivía con un amante…
Nosotros teníamos tres piezas. La de mis viejos, la mía y de mi hermano (Pedro) y otra que hacía de cocina… y el baño era uno para todos, muy bien hecho para la época…
El Urbano – En el gobierno de Monti se hacen los famosos corsos de Baigorria…
Alfredo Secondo – Sí. El tema fue que Coco López, que era un vecino peronista de la ciudad y de buen pasar económico, el era dueño de la panadería de calle Buenos Aires y Belgrano, y Zulema, su esposa; nos invitan a Marisa y a mí una tardecita a tomar una cerveza en un bar en la avenida. Y pasan las hijas que eran señoritas y le dicen al padre que se van a bailar a otro pueblo porque en Baigorria no había lugar para divertirse. Y estábamos cerca de carnaval…
Y nos ponemos hablar con Coco y nos planteamos… “y si hacemos un baile en la calle”… Y me dice, “mañana lo hablamos a José para que nos autorice un baile en la calle”… y al otro día temprano él lo habla a José para que le autorice el baile, y José nos dice “háganlo, pero no me vengan a joder después porque no hay un mango” (risas)… y Coco le contesta “José de eso me encargo yo”… y así empezó la idea…
Y ahí se me ocurre ir hablar a Eros Pánfoli, que era dueño de la Boite Caracol y del bar Barrilito de Cerveza, muy conocidos en Rosario por esos años. Pánfoli vivía en Baigorria por calle Catamarca y era amigo mío… y fui a decirle si había algún espectáculo que nos podía animar la fiesta… la cosa es que días después me dice que podía hacer que algunos artistas que pasaban por la Boite, sumarán una actuación más… así que fuimos hablar con Coco, que era el que ‘prestaba’ la plata para contratar a los músicos… y de allí nos fuimos hablar con Monti, que estaba en la Bodega Camprot, y debajo de un olivo hablamos del tema y salió la definición de realizar los primeros carnavales en Baigorria…
Quiero aclarar que todos los corsos que se hicieron en Baigorria, se hicieron porque Coco López ponía la plata por adelantado y si se recaudaba se le devolvía, sino perdía la guita…
Fue un éxito increíble… era tanto el público que se cortaba la ruta…
El Urbano – El escenario dónde estaba
Alfredo Secondo – En la esquina de Rivadavia y Chacabuco y era giratorio…
El primer día no se pudo recaudar dinero porque era gratis, además quisimos vender una rifa, pero no se vendió nada… por eso al segundo día se nos ocurrió invitar a las instituciones de la ciudad asumarse. Por eso le pedimos a los dos clubes, al Alumni y al Granadero que abran sus puertas y que hagan bailes en forma simultánea, y que lo recaudado vaya un pozo común… los bailes se hacían al final del corso…
Después logramos que lo recaudado de los corsos vaya a las cooperadoras escolares, se hizo un reglamento interno y se armó una comisión que trabajaba para la realización de los carnavales… fue algo hermoso.
Los primeros en actuar fueron “Los bombos tehuelches”… después vinieron Hugo del Carril, Joan Manuel Serrat, Sandro…
El Urbano – Y hasta cuándo duraron los carnavales…
Alfredo Secondo – Hasta 71… primero lo hacíamos por calle Rivadavia y después lo hicimos por Avenida Andrés Vietti, acá el escenario estaba en la Ciudad Deportiva de Rosario Central…
El Urbano – Otro de los hechos que marcaron aquella gestión de Monti y usted fue el pavimento de barrio Centro…
Alfredo Secondo – No teníamos plata, pero queríamos asfaltar (se rie)… y José me encomendó averiguar cuánto salía el pavimento llamando a las empresas de la guía telefónica… y al otro día me pregunta que tal me había ido con las consultas, y le digo de manera irónica “que el que menos nos ofrecía de coima era del 3% del valor”… entonces le dije “mire José, tenemos que transparentar la realización de la obra, y la mejor manera es hacer la obra por administración comunal y control de los vecinos”…
Entonces llamo al director de municipios y comunas de esos tiempos, un gran amigo y padrino de mi hijo Adrián, Enzo Pastore. Y le digo “nosotros queremos pavimentar y las empresas nos ofrecen coimas y nosotros que no queremos saber nada con eso”. Le cuento que “queríamos hacer la obra pero con administración comunal y que necesitábamos una máquina pavimentadora”… y así fue que la provincia nos proveyó del equipo para pavimentar… pero para buscarlo teníamos que ir a Esperanza con un par de camiones, mientras que desde municipios y comunas iban a llamar al intendente de esa ciudad para que viaje a la capital provincial, y yo me hacía pasar por un empleado de la provincia que tenía que retirar la máquina pavimentadora. Y así fue, yo fui bien vestido haciéndome pasar por un funcionario provincial, con una carta firmada por ‘el Negro’ Villalba, que era el responsables de máquinas viales santafesino, y llegamos con unos camiones alquilados y le pagamos a unos muchachos para cargarla y nos trajimos la máquina a Baigorria… primero que los muchachos del corralón de Esperanza no nos querían dar los equipos, pero después aflojaron (se rie)…
El Urbano – Y con eso asfaltaron…
Alfredo Secondo – Si. Nosotros asfaltamos pero con una nueva mentalidad. Con la participación directa del vecino… abríamos una cuenta bancaria para pavimentar tal calle, y los vecinos participaban en la compra de los materiales, y en el control de todo… un ejemplo, nosotros firmábamos los cheques, pero por cada cuadra había un vecino designado que también firmaba los cheques, o sea que si la calle tenía cuatro cuadras, había cuatro vecinos designados para la firma, de manera indistinta…
Cuando llamábamos a licitación, los vecinos participaban de la misma. Sabían el valor de cada metro de arena, de cada bolsa de cemento… era un control ciudadano y participativo… además se peleaba los precios y se conseguían cosas para todos…
El Urbano – Qué barrios se hicieron…
Alfredo Secondo – Todo barrio Centro, Paráiso, Los Naranjos… 20 kilómetros de pavimento…
Aquí se pavimentaba un precio y en la Florida salía al doble… fue un experiencia inédita… 50 años hace que está el asfalto en los barrios, se hizo gran trabajo…
El Urbano – Podríamos decir que usted tuvo que ver en la construcción de 4 escuelas primarias en la ciudad…
Alfredo Secondo – Si. La primera fue la 550 en el primer gobierno de Monti, junto a la colaboración de los vecinos. La construyó la comuna. Recuerdo que le comprábamos al corralón de Adelio Favaretto los materiales, que le pagábamos mal, tarde y nunca, si no teníamos un mango (risas)…
Rosa Ziperovich era la supervisora general de la provincia, y yo iba a su casa tempranísimo antes que viajara a la capital de la provincia. Le alcanzaba la documentación y ella la llevaba al ministerio para que de manera rápida pudiéramos avanzar con la escuela…
La otra escuela que hicimos, fue la 6418, Rosario Vera Peñalosa, de San Fernando. Esa también la hicimos con la comuna. El tema fue así, nosotros logramos la donación de las tierras para edificar departe Inelro y Sucesión Costa de Capitán Bermúdez, que eran los propietarios de los lotes. La escuela era 418, porque era nacional. En sí la escuela se consiguió por mi papá Mateo y su compañero de trabajo en Celulosa, que llegó a tener un alto cargo en la CGT en la última etapa de Perón, Valentín Fernández. La cosa fue que en los tiempos que mi papá trabajaba en Celulosa no había licencia gremial, entonces él trabajaba sus horas y las de Valentín Fernández. O sea mi papá trabajaba y Fernández estaba haciendo política atendiendo los problemas de los compañeros de Celulosa. Esto hizo que entre mi papá y Valentín de tejiera una relación de amistad muy profunda… cuando Valentín llega a tener la suficiente influencia le dijo a mi papá “que quería a cambio de la mano que le había dado”, entonces él le pide la escuela para el barrio, porque los chicos por esos años en San Fernando teníamos que ir a la escuela 913 de Capitán Bermúdez y así conseguimos la escuela… se alquiló primero una casa y después cuando fuimos gobierno la construimos…
Y después de vuelta la democracia, en el 85, gestionamos y construimos las escuelas 1293, Lisandro Paganini y 1294, 2 de abril. Una en San Miguel y otra en Santa Rita.






