El año pasado, en una medida que no estuvo exenta de polémica, el gobierno de Montizanti municipalizó el evento y, por lo tanto, la administración pública cargó con los todos los costos organizativos desconociéndose hasta el momento el balance económico de la fiesta, cuando ya ha comenzado la cuenta regresiva para la nueva edición en el mes de noviembre.
La Fiesta de la Porcelana nació en los albores del siglo XXI como una operación de maquillaje del gobierno radical para correr de la agenda diaria un conflicto que se estaba desarrollando con los empleados municipales y que derivaría, meses después, con la renuncia de Gerardo Carlucci a la intendencia. El paso de los años fue aceitando el mecanismo propagandístico de la fiesta y casi exclusivamente se convirtió en lo único que el municipio podía “mostrar” como imagen de gestión.
Más allá de que el armado del evento siempre tuvo una comisión que se encargaba de la organización, separar la fiesta de la entramado gubernamental es imposible. A modo de ejemplo, la presidenta histórica de la comisión, Felisa Sabatini, es candidata a concejal del Frente Progresista y fue secretaria de Gobierno de la breve era Carlucci.
La decisión de Montizanti de municipalizar la fiesta no hizo más que blanquear una situación que se daba de hecho, solo hay que remitirse a los escasos números oficiales que se conocen para ver el flujo de fondos públicos que se giraban a la Comisión Organizadora. Según el balance de la tesorería municipal en los últimos tres meses del 2012 se destinaron a la Porcelana 357.425 pesos, en octubre 50.883, en noviembre 21.079 y en diciembre la friolera de 285.463 pesos. Y, como contrapartida, en ese trimestre la municipalidad no giró un solo peso a las cuentas del Fondo de Asistencia Educativa (FAE), ni hizo depósito alguno en la cuenta especial de Mantención de Espacio Público (MEP), que es un concepto que se le cobra al frentista todos los meses en la Tasa General de Inmuebles.
Lo presupuestado por el municipio para la organización de este año supera los 275 mil pesos, números que a simple vista parecen insuficientes al compararlos con los registrados para la edición anterior. Ahora, desde la bancada opositora se apunta a conocer el balance general de la fiesta, sobre todo, considerando que la ciudad se encuentra bajo el paraguas de “emergencia económica” desde hace varios ejercicios fiscales. Los peronistas, Carlos Dolce y Ariel Fino Bustos, piden que este año se realice “un estudio estimativo de los recursos a invertir en la organización del evento” teniendo en cuenta como “prioridades presupuestarias las obras públicas como cloacas, pavimentación, alumbrado, educación, cultura y todas las responsabilidades” que son de potestad excluyentes del Estado municipal.
El oficialismo, fiel a su estilo de cerrar las puertas a los asuntos que no le son propios, mandó a comisión el pedido de informe a pesar del reclamo airado de los ediles justicialistas.
Marcelo Ontivero






