Qué es la violencia según los pocos. El acto de los pobres al pedir lo que es suyo, desde siempre. La chusma desbordada ante los actos injustos de las minorías dominantes.
Qué no es violencia según los autoelegidos. El robo organizado de sueños y futuro ante cualquier ser que consideran inferior. El asalto consuetudinario de los pueblos atrasando todo desarrollo por culpas de ellos.
En nuestra ciudad volvimos a vivir este debate de cerca. Qué es violento, que vecinos del Remanso Valerio se acerquen a preguntar al concejal Secondo por qué salió en el programa de un mercenario en el canal opositor al gobierno para hablar de la callecita De Vido y no de su pasado cercano cuando quiso rajarlos del barrio para ubicar un Wall Mart, o la defensa del legislador espantado por la negrada preguntona.
Qué es violento. Vivir durante cuatro generaciones con el temor de ser desalojados por los que sólo entienden de negocios o defender como sea, con cualquier método el territorio, el terruño, el hogar.
Es extraña la vara con la que se mide la violencia según el código de los cogotudos de hoy y de siempre. Era insurrecto el hijo de un Dios que echó a los mercaderes del templo. Era incivilizado el indoamericano que no aceptó el cambio de espejitos.
Eran utópicos los criollos que soñaron la Patria Grande. Eran bandidos los comunistas, socialistas y anarcos que lucharon por los empates sociales. Eran subversivos nuestros compañeros que aun buscamos.
A pesar que cueste entenderlo, la violencia injusta o necesaria tendrá motivos en un mundo chueco, donde los ganadores siguen siendo los culpables de las diferencias. Lucha de clase, motor de la historia, como dijo Karl Marx. Sólo, a esta altura de la partida, hay que definir de qué lado estar.






