El Urbano - Luís Megías, cómo el cantante…
Luís Megías - Si, pero el otro es con j y sin s al final… y es Godoy… Mejía Godoy… Yo Megías…
El Urbano - Qué significa ser sobreviviente…
Luís Megías - Ser sobreviviente pesó mucho. Yo soy un sobreviviente de La Calamita... cuando yo salí de Coronda, el sobreviviente era casi un leproso. Yo salí de la cárcel en el 79 y faltaba mucho para fin de la dictadura.
Primero no se podía hablar. Nadie se atrevía. Había que tapar la militancia, sino no conseguíamos trabajo. Había que hacer un verso, decir que durante dos o tres años habíamos estado en otro lado…
Después con la democracia, y la teoría de los dos demonios, el sobreviviente resultó ser un paria… yo recuerdo a personajes de organismo de derechos humanos decir que los sobrevivientes éramos traidores, por eso estábamos vivos… se idealizaba al muerto, al desaparecido por un lado, y se demonizaba a los milicos y los que habíamos sobrevivido. Ahí fue muy pesado…
Nosotros los sobrevivientes tenemos una carga pesada, que es transmitir la memoria de los no están. Por eso creo que hoy los sobrevivientes somos indispensables en los juicios por los compañeros y hacer justicia. Eso nos sacó algo de carga.
Para hacerlo claro, yo militaba (empecé mi militancia) en la JUP (Juventud Universitaria Peronista) de derecho. Yo entré a la facultad de derecho en el 74. Y en ese momento la totalidad de militantes de la JUP en esa facultad era de unos 25 o 30. Que para una agrupación universitaria que reconocía como su referente y su autoridad a una organización armada, éramos un montón.
La cosa es que de esos 25, que además de compañeros éramos amigos, 10 están muertos, otros se fueron… digo de tener un año 25 amigos a no tener más nada… porque nosotros encarábamos la militancia, sin menospreciar la actual, cómo una forma de vida. Todo era militancia para nosotros, eso implicaba romper con familias, con otros amigos, no digo que esté bien o mal, sólo digo como era la militancia de entonces. También no era tan fácil, nos jugábamos la vida…
Militar y ser sobrevivientes en los 70 nos enfrentó a la muerte, a un cambio de paradigmas…
El Urbano - Vos empezaste a militar en derecho, entonces…
Luís Megía - Yo terminé el secundario en el Superior de Comercio de Rosario. Allí fue para el peronismo revolucionario un lugar que diera, después de terminar yo el secundario, la creación de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios)…
Yo termino en el 73 la escuela… fue el año de tomas de universidades, del enfrentamiento con la derecha del peronismo…
En la escuela secundaria aun no militaba en la JP (Juventud Peronista), pero cuando ingresé a la facultad de derecho fui a buscar la agrupación y empezar a trabajar. Ya venía convencido, nadie tuvo que convencerme de nada…
El Urbano - Y esos años para ustedes fueron bravos, digo el gobierno de Cámpora, luego Perón y su muerte, las tres A...
Luís Megías - Viste… todo eso se cuenta y eso pasó en dos años… cuando en el 74 yo ingresé a militar era una etapa de mucha politización estudiantil… de una gran amplitud de la juventud a militar.
Fue una vorágine. Tras la muerte de Perón parte de la conducción se clandestinaza de vuelta. Estar en la facultad no era sencillo. Aparece la triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Empiezan a matar compañeros.
Yo todo el año 74 hago toda la facultad, pero en el 75, a mediados de ese año tengo que dejar de asistir a la facultad por seguridad.
Y ahí comienzo una militancia por afuera de la universidad, porque así lo requería la organización y además porque ya se daba un panorama de enfrentamiento concreto. Y a finales del 75, empiezo a integrar formalmente Montoneros, no en la parte militar, pero si ingreso a la fuerza política.
El Urbano – ¿De manera Clandestina?
Luís Megías - Yo todavía no había pasado a la clandestinidad porque no me habían venido a buscar. Era uno de los pocos y por eso tampoco estaba en el aparato militar...
El Urbano - Y a vos te secuestran y vas a La Calamita.... cómo fueron los hechos…
Luís Megías - Yo a mediados del 76, le planteo a mi responsable político, que era María Molina, que con ‘el proyecto seguía coincidiendo, pero que esto era una locura, que éramos blanco móvil, que nadie podía resistir acá porque estábamos cayendo como moscas y que me abría de la organización, porque no me podía cubrir ni a mi”. Ya en ese momento yo tenía una compañera, que también era de Montoneros, y que también tenía la misma sensación.
Nosotros hicimos una retirada, pasando lo mismo que otros compañeros, o sea, nos retirábamos por temas de seguridad, pero con el proyecto en la cabeza. A tal punto que muchos, como nosotros, nos quedamos, quizás por culpa… digo mi ex mujer era de Firmat y no nos fuimos, nos quedamos en Rosario... y como a muchos compañeros, nos fueron a buscar a nuestras casas...
Así fue entonces. Yo me caso con mi compañera, Liliana Nardoni. Estábamos viviendo en Zeballos entre Dorrego y Moreno. Trabajaba en una empresa en la parte administrativa y el 3 de julio de 1977, tipo 6, 6 y media de la tarde, porque ya era de noche, venimos con ella y su madre en la misma cuadra para ingresar al departamento… yo sólo lo que recuerdo es sentir gente corriendo atrás mío y cuando me quiero dar vuelta me ponen un revolver en la cabeza, me dicen 'quedate contra la pared, no te movás, Luisito'… obviamente sabía quien era.
De ahí a mi y a ella nos ponen en un auto en la parte de atrás, con la cabeza en el piso amenazándonos que nos van a matar… y tiempo después me entero que a mi ex suegra le hacen lo mismo en otro auto, pero la sueltan a las cinco o seis cuadras.
Yo me ubico más o menos por dónde íbamos con el auto. Primero porque soy de Rosario de toda la vida, yo digo que sólo viví dos años fuera de Rosario cuando estuve preso en Coronda, pero no por gusto, sino por imposición. Y por motivos de la militancia y laburo me moví mucho por toda la ciudad, por eso pude ubicarme que íbamos para el norte.
Todo eso me permitió saber que estuve en La Calamita. Me acordaba del paso a nivel alto, que estábamos en un lugar totalmente rural, que cuando nos bajan y nos tabican a los dos siento pasto y tierra…
Ahí nomás separan. Me desnudan y ponen en una parrilla para torturarme… creo que cada uno enfrenta la tortura como puede… yo quería entender lo que me preguntaba, porque dependía de lo que me preguntaba para saber que responder, para que no me mataran... además saber de quien 'había salido el dato' para poder responder... cuando me empecé a dar cuenta de dónde podría venir el 'dato', que era de algún compañero que no conocía mi implicancia en la organización cuando me conoció, si bien no te escapás de la tortura y todo lo demás, fui respondiendo como pude.
El problema cuál es… qué ellos saben un montón de cosas de vos, te preguntan para que vos corroborés la mitad de las cosas que saben para ver si no le mentís y si pueden sacar otros datos... y como ya hacía tiempo que no estaba implicado, que no tenía ninguna cita ni nada pude responder algunas cosas… y traté de explicarle que no estaba más militando, cosa que me costó mucho hacérselo entender, y mucho significa horas de torturas y golpes.
Primero fue tortura por tortura. No importaba nada. El tema era ‘ablandarte’. No se por cuanto tiempo. Uno pierde la noción del tiempo. Parece una eternidad… no se. Después de eso, me hicieron escuchar a mi compañera en la tortura, sus gritos, que estaba en otro lado… a todo esto yo estaba tabicado.
Después vino alguien que era el que preguntaba. Una persona que no puedo identificar, pero era el que preguntaba…
El Urbano - Pudiste identificar a alguno de tus captores…
Luís Megías - No. Porque estuve tabicado y nunca pude escuchar un nombre. En La Calamita no pude identificar a nadie… podría decir que eran más ‘profesionales’ que los del Servicio de Informaciones de la policía.
Volviendo al tema, cuando vino el interrogador, de manera pausada, con voz serena el tipo te preguntaba.
Y ahí salvé mi vida… parece una estupidez lo que digo… pero creo que el tipo se convenció que no sabía nada… es más fácil declarar dónde no estuviste que mentir sobre el tema… el compañero que tuvo que ‘cantar’, cosa que no lo condeno porque la tortura es terrible, pasó datos que no eran verdad...
Estuve, con intervalos, por lo menos dos días. Yo sólo recibí puñetazos y picana… otras cosas no me hicieron… después de eso, calculo que estuve un día tirado y desnudo, me sacan de ahí, me dan la ropa y me ponen en una especie de colchoneta, engrillado en el pie al lado de mi mujer… nos ponen a los dos juntos. Ella tuvo un proceso similar…
Así estamos por lo menos... diez días. Nos daban una vez de comer y nos dejaban ir al baño una o dos veces por día. Y empezás a conocer los ruidos, la estructura del lugar…
Y cuando estuve en La Calamita, tiempo después, supe que estuvimos ahí. El lugar dónde el actual puestero tiene la cocina, en la pared derecha, contra esa pared estábamos engrillados…
El Urbano - Estabas vos y tu mujer... había alguien, pudiste saber si había algún otro compañero...
Luís Megías - Si, que estaba Bielsa. Porque lo sentíamos cantar a Rafael Bielsa…
El Urbano - Había más compañeros…
Luís Megías - Yo no tuve idea que hubiese más compañeros. Parecería que había más compañeros, pero no se… A Rafael si sabíamos que estaba por lo escuchamos cantar, porque estudiaba derecho y era allegado a nuestro movimiento en la facultad… de ahí lo conocíamos…y un día lo dejamos de escuchar… mucho tiempo después, ya salido de la cárcel, un primo político mío había que estudiado con Rafael y me contó que cuando el sale de estar detenido, porque la familia se mueve, antes de irse afuera del país, lo llama y le dice 'tu primo está vivo decile (a mis viejos) que se muevan'... ahí se cerró el círculo… era Rafael al que escuchábamos... no se si sirvió para algo, pero al hecho lo hizo…
Treinta y pico años después, mi ex mujer y yo pudimos reconocer La Calamita como nuestro lugar de cautiverio. Reconocer el baño, porque teníamos la idea clara de sus baldosas, porque en el baño nos podíamos sacar las vendas… de esa manera pudimos ver que la guardia perimetral la hacía la Gendarmería, y que estábamos en manos del Ejército.
El Urbano - Cuándo te diste cuenta que estuviste en La Calamita…
Luís Megías - Cuándo apareció todo, lo primero que se supo fue La Quinta de Funes, por el libro de (Miguel) Bonasso. Se pensaba que había una sola finca rural… pero cuando la conocí ya de afuera dije… acá no es… yo sabía que era una casa vieja…
En un momento Rafael Bielsa dijo que había estado en 'El Castillo'… pero tampoco me parecía a mí. Hasta que fui a La Calamita. Ni bien pasé el paso nivel alto, entré y vi la cocina… supe que había estado ahí…
El Urbano – Cómo se ‘largan’ de La Calamita...
Luís Megías - Unos días antes que nos larguen de La Calamita, viene un tipo que era el jefe, que no se quién era y pregunta ‘estos quiénes son’ y le dicen; entonces dice ‘éste tema está terminado, esta noche ya está’… y vos no sabés que te van hacer… si te largan o te matan…
A la noche de ese día me levantan y me dicen ‘acá se acabó Nene, se acabó’. Me llevan la parte trasera, me ponen contra el fondo de la casa y me disparan un tiro cerca de la cara… fue un simulacro de fusilamiento.
Al otro día nos sacan a los dos y nos dicen ‘los vamos a largar’. Nos llevan en un auto, y viene otro de custodia. Y nos dejan en Circunvalación y Juan José Paso. Yo conocía el lugar porque era por la zona donde trabajaba.
Nos dicen que esperemos unos minutos y abramos los ojos. Cuando apenas arrancan yo me saco las vendas y me dicen que las vuelva a poner, pero veo dos móviles de la policía que nos detienen y nos llevan de vuelta, nos ponen detrás y llaman por radio diciendo que 'habían recogido al masculino y al femenino'. Y ahí si nos damos cuenta que vamos al Servicio de Informaciones en la vieja jefatura de Moreno y San Lorenzo.
Cuando llegamos nos ponen en la entrada, y después nos llevan al sótano… más tarde me sacan y me llevan delante de un tipo con un lentes con 'culo de botella así' y me dice 'sabés quién soy yo' y yo le digo que 'no'. Era el 'ciego' José Lofiego. Y me pregunta 'lo conocés a éste'. Era un compañero hecho mierda después de torturas, y yo les digo que 'no'. Era un compañero que conocía y me dice ‘otro mentiroso más’ y me pone una piña en el pecho. Y me manda de vuelta al sótano.
Ahí estoy varios días. A mi mujer la bajan al subsuelo y medio que la legalizan. Eso me tranquiliza… y luego de unas semanas me bajan a mí y me legalizan.
A los dos o tres días veo a mis viejos. Eso nos blanqueó.
Después a mi mujer la llevan a Devoto, Buenos Aires y a mí a Coronda. Eso habrá sido en septiembre del 77, más o menos.
El Urbano - Y en Coronda estuviste hasta cuándo…
Luís Megías - Hasta abril del 79. Había dos grandes salidas de presos. Una para las fiestas y otro para semana santa. A Liliana le tocó para fin de año del 78 y a mí para pascuas...
El Urbano - Si pudieras resumir tus estados de detención, cómo lo podrías hacer…
Luís Megías - Yo siempre digo que para mi La Calamita era muerte… el tiempo que estuve ahí sentía la muerte… y en el sótano fue la incertidumbre, porque allí no sabías si te subían y te torturaban o te bajaban y te blanqueban, o te mataban y hacían un supuesto enfrentamiento...






