Antes de todo, esta foto no es IA. Ocurrió la tarde del viernes 4, al cierre de la caravana donde se paseó por la ciudad la antorcha de los Juegos Suramericanos.
Se observa cómo Adrián Maglia abraza al renovado concejal libertario Santiago Fontana, ceñido en su entallada camisa luego de horas de gimnasio.
Se los ve sonrientes, absortos, tal vez por el momento deportivo, quizás por simple querencia.
Atrás, siempre atrás, el edil oficialista, muy amigo del legislador de extrema derecha, Martín Tartarelli, quien también se lo ve feliz.
La composición de la escena podría entenderse en las urgencias del oficialismo en el Concejo, donde el liberto es la pieza a ganar. En otros tiempos, el concejal rentado para dar el cuarto voto en decisiones necesarias para el gobierno era Javier Minetti, quien, entre otras conquistas propias, hoy tiene un suculento cargo en el Municipio como juez de Faltas.
Podría ser una foto más. Una simple imagen. Pero no.
Es una declaración política, implícita o explícita. Una forma de entender el presente y el futuro de la ciudad.
A Maglia le queda cómodo el niño libertario. En muchos casos, el intendente, que supo simpatizar, cuando convenía, con el kirchnerismo, se asemeja mucho más a los planteos del gobierno de Javier Milei que cualquier otro proyecto que ponga lo humano delante del mercado.
Adrián Maglia y el magliaismo, como gran parte del peronismo local, no pueden y no quieren comprender que hay un solo enemigo.
Que nunca fue tan fácil enfrentarlo y derrotarlo.
En un desvarío eterno, es hartante escuchar una y otra vez las peroratas de los porqués de las divisiones.
A esta altura de la partida, ya no quedan dudas. Se está del lado de la democracia o del fascismo disfrazado. Del reparto justo o del ajuste. Del amor por el otro o el odio. De la patria o de los cipayos.
No hay más tiempo. O se construye un proyecto colectivo de ciudad o, como se ve en la imagen, del estancamiento histórico se pasará al peor de los retrocesos.
Sólo hay que saber dónde pararse y qué clase de alianzas deben construirse para el bien de la sociedad.








