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Miércoles, 19 Agosto 2026

Falleció Rita, la mujer que escribía en las paredes de Baigorria

La mujer estaba en situación de calle desde hacía años. Era muy culta y respetuosa. Pernoctaba en el Hospital Eva Perón, lugar donde murió en la madrugada de este miércoles por un paro cardíaco. Parte de su vida sigue siendo un enigma

Por Hugo Cravero


Rita caminaba por el barrio Centro. A veces, por Paraíso o Los Naranjos.

Se detenía junto a un volquete de recolección de residuos y, con una tiza, escribía. Patentes de autos, frases, palabras sueltas.

La acción la repetía en una pared del Banco Credicoop, donde además se quedaba largas horas durante las mañanas. También en la estación Puma, donde los playeros le pagaban el desayuno.

No pedía, no molestaba.

Solo estaba ahí.

Sola.

A veces murmuraba cosas. Otras, hablaba, se respondía, se reía. Reflexionaba sobre cosas que solo ella sabía y analizaba.


No hay datos firmes sobre cómo apareció en Granadero Baigorria. Pero se sabe que era de la zona norte de Rosario y que tenía una formación universitaria vinculada al mundo de las letras.

También su forma de vida era una antítesis de su realidad económica, porque era propietaria, junto a otros familiares, de viviendas y recursos monetarios.

Durante sus primeros años en la ciudad, a mediados de la primera década de este siglo, Rita fue habitué del centro cultural La Colmena, donde supo bañarse, lavar su ropa y utilizar el espacio de computación para leer y escribir.

Fue por esos años que comenzó a transitar el Hospital Eva Perón, donde la dejaban quedarse todas las noches para dormir.

Hasta la mañana helada y lluviosa del martes previo a su muerte, Rita transitó Baigorria. Habrá escrito sus últimas palabras en algún recóndito lugar de una ciudad que intentó calmar su dolor. Un desamor que la destrozó por dentro la hizo parte del paisaje urbano baigorriense.

El miércoles a la madrugada, Rita falleció en el Hospital Eva Perón, espacio que fue su hogar nocturno durante sus últimos años. Quizás el frío del invierno húmedo o, tal vez, las preguntas inconclusas de su vida errante le pararon el corazón para siempre.

Quedarán las paredes que, de a poco, irán borrando sus consignas confusas. Su trazo firme de palabras sueltas, solamente entendibles para ella.

Estas crónica es para recordarla más allá del tiempo. Cuando de Rita no quede nada escrito en las calles, seguirán estas palabras, recordando a una mujer que, por amor, abandonó todo, sin más misión que contarse historias para mitigar tanto pena.