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Sábado, 09 Mayo 2026

La otra ciudad

Imágenes desordenadas de una Baigorria postergada

Escrita por el licenciado en Periodismo, Hugo Cravero


1

Domingo por la tarde. El calor pega fuerte en la región, pero en Baigorria, y en especial, para el rezongo baigorrienses, la temperatura es más compleja con la humedad ribereña.
Son las 5 de una siesta lenta, al compás de una cumbia que no entiendo ni conozco en San Miguel. El paisaje de lo que fuera un barrio de obreros que pedaleaban su destino, tiene un presente distinto.
Un grupo de pibes espabilan la canícula con un pobre peloteo en la plaza, y otros apuran un fernet embotellado sin más horizonte que ver pasar los días.
Un perro hace equilibrio en una torre de basura en un contenedor que de milagro no está desbordado como los otros de la barriada, que sirven de salida laboral a una parejita que, chango en mano, encara los recipientes buscando los desperdicios que otros se sacaron de encima.
La piba, de unos veintitantos, lidia con una niña morena de rulos de muñeca, que colabora con sus padres llevando unos cartones sucios como puede.

2

Es jueves 26 de marzo al mediodía. La calle Eva Perón al 1530, calle Córdoba para los baigorrienses de canas y memoria activa, está llena de vehículos de todo pelaje.
En la puerta de La Calamita hay un acto por su señalización y un anuncio esperado desde hace más de dos décadas. El ex centro clandestino de detención de personas, que funcionó durante la última dictadura cívico - militar, ya pertenece a la provincia y su destino, junto a las más de 3 hectáreas que comprende todo el predio, será un espacio de memoria y justicia.
El mitin pasa absorto en la barriada de Caminito, o Camino Muerto, el asentamiento irregular que está enfrente de La Calamita, que desde los 80’ se comenzó a poblar, pero en la última década dio un salto exponencial de vecinos que, corriéndole a la malaria y a la falta de viviendas, se ubicaron allí, detrás de las vías, detrás de la ciudad, en el fondo del fondo de Baigorria.
El momento es emotivo. Hace más de 20 años que un grupo de militantes de Derechos Humanos comenzó a solicitar la expropiación del ex centro clandestino y transformarlo en un espacio amplio, popular y democrático, para que todos sepan qué pasó allí. Esa historia oscura, pero necesaria de ser contada, donde más de una centena de militantes sociales y políticos, fueron secuestrados y torturados en el antiguo casco de la estancia de la familia Sala.
Pero el contraste es abrumador. A la desbordada barriada, olvidada de todo compromiso estatal, se suma la basura por las calles. Contenedores metálicos, de gran porte, al tope.
La mugre en la calle Eva Perón es el resumen de un pasado y un presente que ve a un futuro ausente. Oculto.

3

Los vecinos se hartaron.
El asfalto en Martín Fierro y San Miguel está colapsado en vastas arterias. Los pozos, cráteres y baches abundan. El pavimento, en algunos casos, es inexistente y el bacheo, en ocasiones hecho con tierra roja y cal, sólo complica aún más el problema.
Por calle Junín al 2000, un pozo profundo se abrió a principios de diciembre de 2025. No tengo la data precisa, pero a mediados del último mes del año pasado, alguien puso un palo en medio del hueco, que estaba justo en el medio de la calle. Al palo le sumó un cerco anunciado que allí había un pozo.
La indicación casera, pero efectiva, duró más de un mes. En enero aún estaba el cerco y su palo.
El ingenio popular se repitió en San Miguel, en Las Heras e Ituzaingó. Justo en la intersección, algo parecido al pozo de Martín Fierro ocurrió. O sea, se abrió el hueco, los vecinos habrán esperado la intervención municipal y cansados imitaron al desconocido baigorriense del barrio lindero. Palo y cerco.
4

La charla viene nutrida y entretenida. Alguien se suma al encuentro en calle Los Andes, donde varios dialogan de la vida, de las cosas, del clima. La zanja a cielo abierto genera a veces olores de las aguas dormidas que suelen estancarse en el barrio norteño de la ciudad.
La calle fue asfaltada en el año 23’ en plena campaña electoral, donde el oficialismo la vio peluda para retener la primera magistratura baigorriense.
Según los datos que sumamos durante la obra en San Fernando, el pedido de dinero para pavimentar la calle que une el puente de hierro con la localidad de Bermúdez, contemplaba cordón y el entubamiento perimetral a lo largo de los mil metros lineales de obra. Pero el atraso del gobierno provincial en ejecutar los recursos y la carrera inflacionaria se comió los dineros y solo alcanzó, a duras penas, para el mejorado.
Con la esperanza eterna de que alguna vez todo será mejor, los vecinos, habituados al panorama, siguen con su día, sin mirar lo que todos ven y huelen.

5

La falta de laburo pega fuerte en aquellos lugares donde todo cuesta un poco más.
Por la calle Silvestre Begnis los puestitos de comida abundan. Los toldos o gazebos se ubican a lo largo de la avenida que da la bienvenida a la ciudad desde el oeste.
Las tortas asadas se venden desde temprano. Un hombre jubilado, de manos amplias y callosas, engrosa su famélica jubilación en uno de los puestos. Comienza a eso de las 6. Sabe que hay otros trabajadores, que aún no les cayó la condena de quedar desocupados, que apuran un mate con esas gigantes masas de harina y grasa antes de empezar la faena cotidiana.
Al mediodía, se suman otros espacios con choripan y hamburguesas. Los fines de semana no es solamente en la Silvestre Begnis el fenómeno. Hay venta de pollo asado en calle 13 Alfredo Secondo, en Los Robles, por Eva Perón detrás de la vía del Mitre, en los Andes en San Fernando.
En la feria de Los Robles, que supo iniciarse en la plaza del barrio, se vende de todo. Ahora ubicada en el inicio norte del parque central Eva Perón, por calle 9 Juan F Secco. Casi medio centenar de laburantes de la economía popular pelean la diaria.
Es como un gran espacio comercial a cielo abierto sin más reglas que las de sobrevivir al día a día.
Se venden desde bufandas tejidas de manera artesanal a verduras de huertas propias, de comida elaborada allí mismo a cosméticos de belleza, de artesanías a ropa de tiendas que han cerrado.
Allí si existe una mano invisible y no es la del mercado. Es la de la esperanza, la de zafar y seguir.
Cómo sea seguir aguantando.

6

El otoño en Baigorria tiene colores propios. Nada confirma que haya una cromática baigorriense, pero es como si fuera cierto.
Hay fresnos, y en especial ese que está en el ingreso de la ex estación de trenes, que por abril se pinta de un amarillo intenso. Los plátanos casi centenarios maquillan de marrón oscuro las calles céntricas, jugando un contraste único con esos cielos profundos y azules de mayo.
Es una metáfora. Cuando todo parece culminar, realmente está renaciendo. Algo así como la ciudad y sus urgencias. En medio del caos, una vez más, la vida.
Hay una esperanza en el viento. Una de puño alzado, de dedos en V. Una que mezcla lo antiguo y un aire nuevo impostergable.
Hay otra ciudad, postergada, descalza, pobre. Olvidada y emergente. Lejos de las infames redes sociales o mega emprendimientos inmobiliarios.
Es hora que los sueños de cambio no se queden allí, en el sueño eterno de los buenos.
Es imperioso que la justicia trueque de bando y lo justo sea lo más normal.