La tormenta parece no tener fin en la ciudad costera. Pero en el bar, a orillas de las barrancas, allá donde se termina la ciudad y comienza otra, la lluvia otoñal de mayo cala más.
En medio del vendaval, una mujer llega a la cita con un amplio paraguas, sacón negro y lentes pequeños.
Ella, Yana Borgia, demuestra su temple no solo en la aletargada mañana baigorriense, gris y húmeda, sino también en su forma de andar.
Hay algo en esa mujer que denota arte.
Yana no hace más de año y medio que vive en barrio Litoral. Es una artista errante, precarizada y obstinada. Fundamentalmente obstinada.
Desde hace 17 años es modelo vivo, una capacidad que desde lo inmóvil crea belleza. La inmensidad del cuerpo humano, tan simple, complejo y majestuoso como la vida misma.
La mujer posa para que otros la dibujen, la fotografíen, la conviertan en un instante artístico y único.
Pero Yana es más que un modelo vivo. Una musa para otros, una quietud milimétrica que dura una eternidad. La muchachada, de labios finamente pintados de rojo y ojos profundamente negros, es más que una simple definición. Es fotógrafa con celulares —una técnica que tiene al ojo humano como método de eficacia—, acuarelista y muralista.
Una artista integral que hace de soporte, cuando desde la calma y el equilibrio es ella el objeto a transmitir.
Yana llegó al modelaje vivo por la pasión misma del arte. Ella, que por entonces vivía en Andino, supo que estaba sola en la aventura.
—Cuando empecé con esto no conocía ningún modelo vivo. Al día de hoy hay un par de chicas más en Rosario, pero hace muy poquito que están. En mis inicios no había nadie que se dedicara profesionalmente—.
Las funciones principales de una modelo vivo son posar para dibujantes, escultores y fotógrafos. Aunque parezca una labor simple, la realidad es que no lo es.
—Es un trabajo difícil, es fácil lesionarse también. Hay poses que son difíciles de sostener, hay poses que se sostienen mucho tiempo según si es para escultura, por ejemplo, que son poses más largas. Hay que tener bastante conocimiento del propio cuerpo y disciplina, saber cuánto puede uno resistir y trabajar en base a eso—, agrega Yana sobre una función clave del modelaje vivo, un trabajo arduo que requiere resistencia.
La diversidad corporal, más allá de los cánones de belleza que el sistema impone, en el modelo vivo es de suma importancia.
—La variedad del cuerpo humano es infinita y por eso es importante trabajar con diferentes tipos de cuerpos: jóvenes, viejos, gordos, flacos. Contrariamente a lo que a veces se cree, que para ser modelo hay que ser bello, tener un cuerpo hegemónico. Lo que hace falta justamente es la variedad, y se valoran otras cualidades al momento de ser modelo vivo, como ser disciplinado, tener resistencia, ser responsable—.
Asimismo, Yana es una divulgadora de la figura humana en el arte, organizando talleres y entrenamientos para dibujantes y fotógrafos, promoviendo la importancia de estudiar la anatomía y las posturas.
Ha realizado y realiza convocatorias para dibujantes y fotógrafos, ambientando locaciones históricas y temáticas en casonas rosarinas para sesiones de figura humana.
Su formación artística le otorga un conocimiento global del modelaje en quietud y del arte en general.
—Antes de posar tenés que calentar, después tenés que estirar. Muchos modelos también estudian danza, viven de ella; vienen de yoga, de teatro; saben poses corporales artísticas. Algunas son estatuas vivientes, cosas así. Y también muchos tienen conocimientos de dibujo y pintura, porque la mayoría de los modelos dibujan y pintan—.
Su labor como fotógrafa y acuarelista complementa su trabajo como modelo vivo; entiende a la perfección tanto la posición del cuerpo como la mirada del artista.
De manera valiente dedica su vida al estudio del cuerpo humano y el desnudo artístico, pese a la censura que a veces enfrenta en redes y espacios de exposición.
Aún hoy, el desnudo artístico es muy objetado por la sociedad. Según Yana, hay muchos lugares donde directamente no la dejan exponer, incluso cuando se organizan convocatorias para todo tipo de artistas.
—El tema del cuerpo humano es algo que todavía sigue siendo un tabú—, corrige.
Yana ha vendido sus obras dentro y fuera del país, y participado en exposiciones internacionales. Tanto como muralista, acuarelista y fotógrafa, la mujer tiene un prestigio que trasciende fronteras.
A sus premios en Colombia y Cuba se suma el recientemente adquirido, en octubre de 2025, como fotógrafa con teléfonos celulares en el Salón Nacional de Arte Ambrosio Gatti, con su obra “Bajada del Espinillo”.
La edición 2025 del Salón, realizada el 17 de octubre pasado en la Sociedad Mutual de Empleados Públicos de Segunda Circunscripción, contó con la coordinación de Jorge Aravena y la curaduría de Jorgelina Anselmino, integrante del Centro de Estudios Teórico Críticos sobre Arte y Cultura Latinoamericana (CETCACL) de la UNR. El jurado estuvo integrado además por Andrea Zuliani Belluschi y Leticia Palazzolo.
Ser fotógrafa utilizando la cámara de su celular es una capacidad que domina desde el mismo arte.
—Depende del ojo del artista más que del equipo, y eso aumenta el potencial creativo como herramienta del celular—, asegura Yana, quien ha conseguido grandes instantáneas no sólo destacando el cuerpo humano, sino también paisajes de Baigorria con una calidad sorprendente.
—Obviamente tener una mejor herramienta te da más posibilidades, pero creo que la fotografía está en el ojo de quien la compone y toma la imagen. El celular es algo que tenemos al alcance todos y se puede hacer buena fotografía—.
El viento aún juega por el largo camino que se hace vereda del complejo náutico. La lluvia frenó por unos minutos su furia, pero el terco techo en caída vertical del edificio aún no se dio por enterado.
Ella quizás se detuvo un instante en ese espectáculo lleno de magia que dejan las gotas en un charco remoto.
Qué es el arte. Qué es esa manera única de ver todos los colores en las perplejas paletas que el mundo nos brinda y que solo unos pocos ven y difunden.
Ella, muy dentro, lo sabe.
Y sabe que el arte se milita, como una resistencia, como una bandada de amor y belleza. Como un resumen donde volar se inicia desde uno mismo y se desarrolla en colectivo.







