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Jueves, 16 Octubre 2025

Maglia y el Concejo deben llamar a redactar la Carta Orgánica municipal

Granadero Baigorria necesita definir su futuro institucional. Ya no hay más tiempo que perder

Opinión del licenciado en Periodismo y locutor Nacional, Hugo Cravero

Ya no hay excusas. No podemos seguir esperando. Otras municipalidades ya han puesto primera para redactar su Carta Orgánica, y acá en Baigorria seguimos “en veremos”.
Quizás sea una mueca más de la absurda comedia baigorriense de dejar todo para mañana. Un eterno mañana que hace que la ciudad esté estancada desde siempre.

Ahora bien, ¿qué significa que Granadero Baigorria tenga su Carta Orgánica? ¿Qué beneficios traería contar con un estatuto general que nos dé las pautas de la ciudad que queremos y cuál sería nuestro eje?
Ese norte al que deberíamos dirigirnos y que hoy, lamentablemente, es un inmenso mar de nada.

Un laberinto sin planificación

Si uno pudiera observar la ciudad desde el aire, vería un gran laberinto con barrios desconectados entre sí. ¿Cómo puede ser que un territorio de apenas 12 kilómetros cuadrados —unas 1.200 hectáreas—, el más pequeño del departamento Rosario, sea un desacierto urbanístico, un caos que habitamos como si nada?
En síntesis: ¿sabés por qué nos inundamos cuando caen cuatro gotas, o por qué llegar de una punta a otra de la ciudad es tan complicado, o por qué en pleno siglo XXI tu barrio todavía no tiene cloacas ni veredas? Simple: porque Baigorria solo fue planificada una vez, cuando Lisandro Paganini Sáenz, fundador del pueblo, diagramó los barrios Centro y San Miguel como el primigenio bosquejo de la colonia que creó para sus intereses inmobiliarios en la década de 1880.
Lo que vino después fue la desidia y, esencialmente, los negocios de unos pocos, bajo la discreta mirada de los mandatarios de turno, que lotearon la localidad como quien reparte torpemente una pizza.

Una mirada hacia el oeste y hacia el río

Pero un Estatuto Municipal no solo debe definir qué hacer con las últimas hectáreas que aún posee la ciudad —especialmente en el oeste—, sino también cómo desarrollar los escasos lotes que quedan y pensar de manera expansionista a Granadero Baigorria.
Y acá me detengo, y te pido una exagerada atención.
Baigorria tiene 500 hectáreas insulares, correspondientes a la isla Los Mástiles, que compartimos distritalmente con Capitán Bermúdez. Es decir, de las 900 hectáreas del humedal, 400 son bermudences y el resto baigorriense.
Los Mástiles solo le importan a Granadero Baigorria, en todo sentido. Una ordenanza local le otorga un rango conservacionista a la isla, mientras que otras normativas habilitan comercios y paradores. Nuestros vecinos bermudences no le dan demasiada importancia, ni los ciudadanos ni, mucho menos, sus autoridades.
Reclamemos toda la isla para nuestra jurisdicción. Y, de manera coherente, proyectemos su aprovechamiento recreativo y turístico, de modo que genere recursos para las menguadas arcas municipales.

El otro gran tema es el oeste baigorriense: su desarrollo con barrios abiertos y residenciales, tanto para los vecinos actuales como para quienes elijan radicarse en Baigorria.
Aquí hay que ser audaces. El Estado debe intervenir para modificar el uso del suelo de esas tierras —hoy casi ociosas— y, sobre todo, discutir con Ybarlucea los límites territoriales.
Debemos hacernos cargo de Autoestrada, un barrio olvidado por la ciudad vecina y prácticamente anexado a Baigorria.
Hay que ser claros: realizar un trueque de tierras con Ybarlucea, tomando como referencia Autoestrada, la calle paralela a Avenida de los Incas, y como límite natural hacia el oeste el canal Ybarlucea, hasta Silvestre Begnis. Allí debería trabajarse en nuevos loteos económicos para los trabajadores.

Representación y transparencia

La Carta Orgánica también debe abordar la representación ciudadana. Definir, entre los propios baigorrienses, cuántos concejales debe tener el cuerpo deliberante. Fomentar la transparencia.
Que las sesiones barriales sean ley, no una promesa de campaña olvidada y desempolvada en cada elección.
Que cada ciudadano sepa qué hacen sus representantes y en qué se gasta cada peso del Estado, con balances públicos y claros.

Un estatuto local, votado por los vecinos, debatido en las vecinales, en las plazas, en cada club o escuela, nos permitirá ser mejores. Identificarnos con la ciudad, ser parte de ella y definir su destino y su futuro, que en definitiva es el de cada uno de nosotros.

Por eso, es un deber que el Concejo local y el intendente Adrián Maglia se pongan ya a elaborar una estrategia para que la ciudad tenga una Carta Orgánica justa y democrática.
Se la merece la ciudad, y lo merecemos todos los baigorrienses.