Los resultados electorales en Baigorria no fueron tan positivos como se presume. Tampoco una catástrofe, obvio.
Pero tratemos de hacer un ejercicio ciudadano para desarmar los números y reaprender de lo ocurrido.
Primero.
En la ciudad votó el 51% de los baigorrienses. Para ser prácticos. De cada dos vecinos, uno no fue a votar.
La baja asistencia en los comicios, una foto que se repite en todo el país, es una clara advertencia a la política. Una sociedad harta que no halló en la dirigencia respuestas.
Es sólo andar por las calles, un país inmensamente rico con gente cartoneando o comiendo de la basura. Ojo, esto pasa acá en Baigorria, no sólo en Rosario, o en Capital Federal. Personas en situación de calle que duermen donde pueden y un Estado ausente y despiadado.
Familias endeudadas para morfar, laburantes con multiempleos que apenas llegan a los gastos mínimos.
Esta disrupción social hace que el ciudadano, despolitizado y despistado, vote a sus verdugos o no vaya a votar.
En síntesis. Hay pocos referentes que se atrevan a romper con este sistema injusto, y desde ahí construir utopías uniendo la rebeldías.
Segundo.
El avance del fascismo en la ciudad es alarmante.
Pero acá hagamos un subtema. La división casi infantil del peronismo. Si se suman los votos del antonellismo, neologismo creado por éste servidor para identificar al sector de Antonella García, el magliaismo, otro término fomentado por éste escriba para indicar al oficialismo que lidera Adrián Maglia, y los electores conseguidos por los hermanos Milo, Ana Paula y Adrián, de La Colmena, estamos cerca de los 13 mil votos.
En sí, que la de extrema derecha, representada por el niño bien, que hasta hace unos meses vivía en Rosario, Santiaguito Fontana, no existiría ni en sueño, si los muchachos peronistas dejaran de boludear en internas y se pusieran a trabajar en pos de la ciudad.
Pero volviendo a Fontanita, o Fontanazi como ya se lo llama en círculos de la política vernácula, entró al Concejo. Un hecho histórico: Por primera vez un facho llega al Legislativo autóctono, y no es un orgullo.
Es bueno preguntarse si Santiaguito llegó al parlamento citadino con su discurso de odio, o fue el sello, que es casi la misma bosta.
Realmente el vecino de la ciudad votó a un niñato capaz de asegurar que hay empleados comunales desechables. Que dice, sin empachos, que se deben cerrar las áreas de Discapacidad, Género, Cultura, Deportes y los jardines municipales.
En serio que la sociedad baigorriense es eso o es tanto el gorilismo que son capaces de elegir a un ignoto desconocido, tan energúmeno que el desquiciado de la Rosada.
Lo único que se puede tomar como un avance es que ahora se lo podrá ir a buscar al Concejo de la ciudad, cuando vuelva con una de sus locuras de extrema derecha.
Correrá como un cobarde, como se lo ve en ese video viral, o aguantará con el cuero lo que afirma con la boca.
Como conclusión
Estas elecciones dejaron muchos sinsabores. Pero también desafíos.
Porque como diría Mario Benedetti: "Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque de ahí en adelante sólo cabe ir mejorando".
Y justo ahí estamos, los que amamos Granadero Baigorria y que deseamos fervientemente una ciudad para todos.
Estoy convencido que somos muchos más los que miramos a Baigorria desde adentro, los que rezongamos en sus calles, sudamos sus esperanzas y metemos siempre una excusa para estar mejor, a pesar que lo peor llegue a lugar que jamás pensamos iban a llegar.
Por eso debemos juntarnos para pensar un mañana cercano: Con los mejores. Con aquellos que dejan el pellejo y se la juegan.
Hace unos años atrás, en 2009, con un grupo de vecinos dimos forma a un proyecto que nunca estuvo trunco. Se llamó 100% baigorriense y casi metió un concejal, a Jorge Pirco Juárez, peleándola con nada, sólo con militancia y mucho afecto.
Hoy hay otra realidad, más dramática que la de entonces. Por eso ese espacio, se debe reflotar.
Ese proyecto debe tener una sola premisa. Granadero Baigorria. Simple, sin especulaciones inmobiliarias, ni financiera. Es nuestro deber hacerlo, por nuestros hijos, nuestros padres, nuestras calles, nuestra historia.
Es urgente repensar la ciudad y enfrentar al enemigo de manera valiente, con política, en las calles, puerta a puerta, casa por casa.
Con una propuesta capaz de hacer soñar una Baigorria inclusiva.






