Quiero escribirte a vos, qué no votaste por el proyecto nacional.
Debo manifestar lo que siento. Compartirlo, más allá de recriminaciones e insultos.
No puedo iniciar estas líneas sin poner el retrovisor a la vuelta de la esquina de los tiempos. Tan sólo 12 años atrás. Te acordás dónde estabas. Ya no recordás el ‘club del trueque’, las colas para trocar unos escarpines, tejidos con lo que te quedaba de lana, por un paquete de acelga que salvó el almuerzo. Qué, nunca cobraste en ‘LECOP o en ‘Patacones’, o te bajaron el sueldo, si aún tenías la suerte de tener laburo. No me digas que no tuviste un familiar o un amigo que se fue a Europa a trabajar de lo que sea para buscarle un sentido a la palabra mañana. No me niegues que seguro ese amigo o pariente ya se pegó la vuelta, porque allá están peor de lo que estábamos nosotros hace sólo una década.
Yo conté monedas para las cenas de mis hijas, arroz con huevo frito. A mí no me la contaron. Tengo tan claro los años de convertibilidad, de privatizaciones corruptas. De carpa blanca pidiendo financiamiento docente. De un procaz ministro de economía mandando a los científicos a lavar los platos. De jubilados rogando un aumento. Del desierto en las fábricas. De las radios hechas en chinas, las masitas dulces del Brasil, las sábanas de Paraguay, las motos de India, los juguetes de Vietnam y las banderitas argentinas de Hong Kong.
Sabés hace un año, más o menos, le hice una nota a un empresario del rubro de electrodomésticos. El tipo está haciendo una fuerte inversión que generará trabajo para unas 100 personas. Off the record me dijo que en los 90’ estuvo a punto de cerrar. Que con 30 empleados mantenía la empresa familiar creada por su padre, un judío polaco que comenzó haciendo planchas a resistencia en los 50’. “Traíamos de China las licuadoras o las batidoras prácticamente armadas y nosotros sólo le poníamos las calcos con la marca”. Hoy esa empresa ya no sólo ensambla, sino que construye motores y componentes electrónicos para la línea de artefactos del hogar. Casi 300 empleados se reparten en galpones de la región, porque la planta original quedó chica ante la demanda de elementos eléctricos hechos en el país.
Por eso quiero activar la memoria, porque creo que sos de las personas que no te jode la Asignación Universal por Hijo, digo que un pibe por ser argentino tenga los mismos derechos que otro pibe con padres con trabajo formal. Imagino que no protestás porque en las escuelas secundarias del país toda la gurisada tiene una netbook dada por éste gobierno, que revirtió la triste ecuación neoliberal de Menem y De La Rúa que priorizaba el pago al FMI o entidades financieras extranjeras antes de potenciar la educación. Logro comprender que ver a la Argentina en sintonía con los demás pueblos americanos, no te indigna. Sentirnos parte de esa Patria Grande por la que lucharon y soñaron San Martín, Moreno, Belgrano, Castelli, Bolivar, Juana Azurduy, Sandino, el Che, y una cantidad de Cristos anónimos o no, te orgullece en lo más íntimo del sentir de hermandad.
Ahora, sí caceroleás pidiendo “el fin de la Yegua para que a estos negros de mierda no le den un ‘plan’; o rogás pidiendo de rodillas la vuelta de las relaciones carnales con las potencias asesinas del Mundo; o rabiás diciendo que esos guachos no son dignos de las computadores”, e improperios similares, previamente televisados por los mismos medios que se beneficiaron cuando vos y yo nos hurgueteábamos los bolsillos buscando un mango; debo confesarte que sos un facho tan irreparablemente pobre de contenido y carente de toda inteligencia solidaria, que fue al divino botón que leyeras hasta acá este sinceramiento.
Pero confío que sigas allí. Porque creo que no todo se compra ni se venda en una kermesse mediática.
Sólo quiero que sepas, que sí triunfar es la vieja tragedia donde unos pocos gobiernan para esos pocos, en desmedro de las mayorías aturdidas. Que sí ganar significa que los asesinos y sus cómplices caminen por las calles impunes, desterrando la memoria colectiva. Que sí para sumar se deba restar derechos y conquistar, prefiero ser un perdedor, que busca en los empates los triunfos populares. Prefiero volver a la fraterna resistencia, militando esta la última gota de vida, para que jamás ninguna pesadilla me encuentre con la guardia baja. Porque aunque cueste creerlo alguna vez ganaremos todos. Sólo que los responsables de la masacre volverán usarte para tener unas póstumas bocanadas de odio, alargando su despiadada misión.






