Si el gobierno toma una medida que favorece a la industria, los medios opositores denuncian que esa es una señal clara de que la industria está tan mal que hace falta ayudarla.
Si el gobierno no toma medidas a favor de la industria, lo acusan de mantener al país en un esquema de primarización de la economía: un país agro-ganadero.
Si el gobierno toma una medida a favor del agro, lo acusan de haber sumido al agro en tal miseria que ahora no le queda otra salida que darle una mano, y además dirán que esta medida esconde una derrota porque según ellos el gobierno odia a “el campo”.
Si el gobierno no aumenta los salarios del Estado, los medios opositores lo acusan de ajustarle el cinturón a los trabajadores, y de paso deducirán que eso es por los graves problemas en sus cuentas fiscales.
Si el gobierno aumenta los salarios del Estado, dirán que eso desnuda la tremenda inflación en la que el gobierno nos viene hundiendo.
Si el gobierno pone plata y genera obras para reactivar la economía e incentivar el consumo, los medios opositores dirán que lo hacen por la desesperación que tiene al ver que se cae la economía y que no hay inversiones privadas.
Si el gobierno toma medidas para incentivar la inversión privada, los medios opositores lo acusarán que monetarista y de estar desesperado por la falta de inversiones.
Si el gobierno paga las deudas que generaron otros gobiernos, lo acusan de que teniendo un discurso de izquierda, paga como si fuera de derecha, y además lo acusan de tirar la plata sometiéndose a los malos organismos internacionales.
Si el gobierno no paga la deuda, o discute para pagar lo menos posible, lo acusan de quedarse aislado del mundo y de manejarse con un izquierdismo absurdo que lo lleva a la soberbia de pelearse con los buenos organismos internacionales.
Si el gobierno no echa a algún funcionario que para los medios es un corrupto, lo acusan de soberbio, ineficiente, y de estar lleno de funcionarios corruptos.
Si el gobierno echa algún funcionario por corrupto, para los medios opositores eso demuestra que el gobierno está lleno de corruptos que son echados cuando al gobierno –corrupto- no le queda otra.
Si el gobierno no echa a un funcionario que los medios etiquetaron como ineficiente, acusan al gobierno de soberbio, de ineficiente, de terco y de paso: corrupto.
Si el gobierno echa a un funcionario por ineficiente, los medios dirán que fue echado porque era eficiente y quería hacer las cosas bien, y por eso lo echó este gobierno ineficiente y corrupto.
Si la jefa del gobierno se muestra enérgica o enojada, los medios opositores la acusan de intolerante, soberbia y confrontativa.
Si la jefa del gobierno se muestra afable y tranquila, los medios opositores la acusan de hipócrita y cínica por mostrar una falsa tranquilidad y simpatía para esconder que es intolerante, soberbia y confrontativa.
Si la jefa del gobierno confronta con la oposición, la critica y expone sus diferencias, los medios opositores la acusan de instigar al odio, a la confrontación y a la división de la sociedad.
Si la jefa de gobierno se acerca a la oposición, la convoca, e intenta llegar a algún acuerdo con ella para facilitar la gestión; los medios opositores la acusan de usar a los opositores, de querer cooptarlos, y de intentar comprarlos con algún pacto espurio.
La lista la puede continuar usted y es interminable.
Yo ya me cansé de pensar en ellos. Los medios opositores no sirven para nada. Y no es una manera de decir: no informan, no analizan, no dan noticias, no esclarecen, no investigan, no nos hacen mejores, no nos abren los ojos, no nos alimentan intelectualmente, no alumbran sobre ninguna cosa. Oscilan entre la estupidez y lo macabro. Y será preferible en estos días quedarnos con su costado de estupidez y reírnos un poco de todo esto.






