Télam - Tiene 33 metros, prácticamente la mitad del Obelisco porteño pero suficiente para que cueste meterlo en las fotos al paso. Todavía no es famoso y pocos se detienen ante el cartel que lo presenta, con el enigmático título de "Puerta de ingreso al universo".
En compensación, son numerosas las miradas que recibe de la gente que ya visitó el contiguo Pabellón Espacial, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), donde se habla de los satélites argentinos y de la necesidad de dotarlos de una lanzadera propia.
Enfundada en un traje plateado, como para inspirar una moda astronauta, Maira, que recibe sonriente al público en ese lugar, explica que la visita consiste en una introducción al mundo de los satélites argentinos, su desarrollo y funciones.
La estrella del rubro es el SAC-D/Aquarius, en servicio desde hace un año, que, como sus antecesores, requirió del cohete de otro país para llegar a su lugar de trabajo.
De eso se trata este proyecto, de poner satélites argentinos en órbita terrestre mediante el Tronador II, que ya se perfila como futuro primer vehículo espacial de América del Sur, y cuyo primer lanzamiento se calcula para fines de 2015.
La base de lanzamiento se emplazará en el sur de la provincia de Buenos Aires, en Puerto Belgrano, y se planea efectuar los primeros ensayos, con un prototipo denominado VEX1, a mediados de 2013.
Según explicó Alberto Ridner, gerente de gestión tecnológica de la Conae, la lanzadera argentina deberá caracterizarse por la precisión, porque en vez de llevar a órbita satélites completos, el plan es enviar de a uno ciertos componentes, lo cual es más sencillo de transportar, para que luego trabajen en red.
Y para lograr ese funcionamiento coordinado, es necesario ubicar cada pieza del rompecabezas con un margen de error pequeño, que haga viable su participación en la red.






